La teoría de la acción voluntaria no es muy diferente de la de las donaciones en general

De igual forma que la teoría de la oferta de trabajo es un caso especial de la teoría del intercambio. La motivación para realizar una donación de trabajo, como la de cualquier otra donación, puede ser triple. Puede haber satisfacción personal simplemente en realizar la operación, motivación que es probable que sea más significativa en una donación de trabajo que en la de una mercancía o de dinero, simplemente porque la propia actividad puede ser significativa e interesante para el que la realiza y, por tanto, preferible a la mera ociosidad y al aburrimiento. Otra motivación que ya hemos examinado es la benevolencia; esto es, la identificación con el bienestar de la parte que se beneficia de la donación de trabajo. En este sentido, prestar un servicio no es muy distinto a dar dinero, especialmente si conlleva un sacrificio de ganancias por parte del dador y un aumento del bienestar para el recipiendario. Como todas las donaciones, las de trabajo se realizarán si las «relaciones de intercambio de utilidad percibidas son mayores que la unidad; esto es, si la utilidad derivada de la propia actividad, más la contemplación de los beneficios para las personas con las que se identifica el dador y hacia las que es benevolente, excede el coste de utilidad que conlleva el sacrificio de los usos alternativos del tiempo y su producto. 

La cantidad total ofrecida de trabajo voluntario, por tanto, será aquella para la que una «hora” extra de trabajo proporcionará menos al oferente, en términos de satisfacción adicional, bien en la propia actividad o en la contemplación de sus beneficios para otros, de lo que cuesta en términos de lo desagradable de la actividad y la contemplación de los usos alternativos del tiempo. Habrá más trabajo voluntario, por tanto, cuanto más placentera sea la actividad en sí misma, cuanto más se perciba como efectiva para aumentar el bienestar de otros, cuanto mayor sea la tasa de benevolencia y cuanto menor sea el valor de los usos alternativos del tiempo. Las donaciones de trabajo muestran un cierto paralelismo con el tributo, como en el tipo de imposición que conlleva un reclutamiento o alistamiento forzoso, en tanto un reclutamiento fuerza a las personas a ocupar empleos que normalmente no ocuparían, con salarios más bajos de los que en otro caso les atraerían. La diferencia entre el salario que los atraería y el salario realmente pagado es un impuesto implícito y, por lo tanto, una vez más, puede considerarse adecuadamente como parte de la economía de donaciones. Ha habido intentos de estimar el impuesto implícito pagado por los reclutados al ser llamados a filas en estas condiciones en Estados Unidos’. Desde luego, por ahora, cualquier medida exacta es imposible, pero la cantidad debe rondar los mil millones. El trabajo forzoso de cualquier tipo, como la corvée de la Francia medieval, los llamados «campos de esclavos» de la Unión Soviética y el trabajo de los prisioneros en cadena de Georgia, son ejemplos de este tipo de «trabajo tributo». La educación obligatoria es otro ejemplo. En el caso de menores, podría afirmarse que este empleo de la coacción se realiza por benevolencia y que forzamos a los niños a la educación obligatoria porque no son capaces en esta etapa de su vida de calcular las ventajas y desventajas de ser estudiante. Es difícil negar la validez teórica de esta afirmación, aunque uno puede mostrarse escéptico sobre su aplicación en casos particulares.

Una aplicación extremadamente interesante del principio de la acción voluntaria ha sido estudiada por el profesor Titmuss, de la London School of Economics, con respecto a los donantes de sangre. En el Reino Unido, la oferta de sangre para fines médicos es casi totalmente voluntaria. En Estados Unidos y la Unión Soviética está incluida en gran medida en el sistema de intercambio, y la sangre humana es principalmente una mercancía comercializable. Tirmuss presenta con gran habilidad las consecuencias de estas dos políticas diferentes, especialmente con respecto a la calidad de la sangre ofrecida que tiende a deteriorarse bajo condiciones de mercado, siguiendo una especie de Ley de Gresham 10 generalizada; así, en ausencia de diferenciación de calidad, la mala sangre desplaza a la buena.

Una cuestión muy interesante en el campo de los temas de política social es la naturaleza del ajuste cuando hay peligro de que la oferta de trabajo voluntario sea inadecuada para realizar una función necesaria. Debemos dirigirnos hacia el aumento de la oferta de trabajo voluntario para servicios, que parece haber sido lo realizado en Gran Bretaña con respecto a la donación de sangre, o debemos entrar en el mercado y empezar a pagar por el servicio, ¿en cuyo caso puede haber un cambio en la calidad del propio servicio? Una iglesia se enfrenta al mismo problema cuando pasa de tener un ministerio lego a tener uno profesional, de la misma forma que una organización de beneficencia cualquiera una sociedad profesional o un club, cuando pasan a tener una administración profesional. El trabajo pagado puede ser más eficiente en el sentido técnico, pero algo se pierde en el sistema integrador cuando pasamos del trabajo voluntario, que tiende a crear relaciones integradoras, al trabajo pagado, donde la relación integradora es casi inevitablemente menor.

La oferta de tierra o capital material, como por ejemplo en la oferta de viviendas. 

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