
Un aspecto especialmente interesante de la sociedad, cuyo tamaño está íntimamente relacionado con la economía de donaciones en general, es el crimen. Si pensamos en el crimen como un “sector” que, bajo condiciones de mercado perfectas (esto es, en ausencia de una organización pública), tiene una fuerte tendencia a ser «demasiado grande», podemos pensar en la policía y demás esfuerzos para disminuirlo como una empresa que existe principalmente en el sector de donaciones de la economía, preocupada por la disminución de un sector considerado indeseable. El propio sector del crimen, sin embargo, implica también sustanciales redistribuciones ilegítimas de activos cuyo efecto no se comprende bien.
La segunda gran función del sector de intercambio en la sociedad es la distribución de la renta; esto es, la determinación de la cantidad que del producto total obtiene cada persona. La renta de una persona cualquiera depende, en primer lugar, del total de sus activos, que incluyen su mente y su cuerpo, y después, de los precios que el sistema de mercado asigna a los servicios de estos activos. Sin embargo, la distribución de la renta resultante del funcionamiento sin trabas del sector de intercambio es frecuentemente considerada como política o moralmente inaceptable por la sociedad, y, de ahí, la intervención mediante la economía de donaciones, tanto privadas como públicas, para cambiar la distribución de la renta por algo considerado más deseable suele significar mayor igualdad. Por tanto, aquí vemos, de nuevo, a la economía de donaciones suplementando, o quizá corrigiendo, los resultados de la economía de intercambio.
De igual forma que podemos concebir un sistema de donaciones que sea neutral respecto a la distribución de los recursos, podemos concebir uno que lo sea respecto a la distribución de la renta, o más generalmente, respecto a la distribución del bienestar (aunque este fenómeno parece menos probable incluso que el anterior, ya que implicaría robar a Pedro para pagar a Pedro). De hecho, cualquier sociedad sin una economía de donaciones o con una economía de donaciones neutral respecto a la distribución, pronto cesaría de existir, ya que sus miembros se morirían de hambre. En las que podrían llamarse “sociedades igualitarias radicales”, tales como Cuba o la República Popular China. la demanda política de una distribución de la renta que diverja de la producida por el intercambio es tan fuerte que la propia economía de intercambio está distorsionada y puede tener como resultado graves errores en la asignación de los recursos. Por otra parte, en ausencia de un sistema adecuado de redistribución por medio de donaciones, la economía de intercambio, como sucede en algunos países latinoamericanos, puede producir fácilmente una distribución de la renta que sea tan desigual como para ser tanto políticamente inestable como una gran desventaja para el desarrollo.
El desarrollo, medido como un verdadero crecimiento de la renta real por habitante, puede considerarse como una tercera función tanto de la economía de intercambio como de la economía de donaciones, ya que combina los dos aspectos de distribución de los recursos y distribución de la renta. En parte, éste es un problema de asignación de recursos para la que podría llamarse «industria del desarrollo», esto es, aquel sector de actividad que es especialmente significativo desde el punto de vista del aumento de la riqueza, el poder o la integración social en el futuro. Existe la creencia, ampliamente difundida, de que la economía de intercambio, si bien asignará algunos recursos al desarrollo, lo hará en una cantidad demasiado pequeña como para ser políticamente aceptable y, por lo tanto, la economía de donaciones deberá intervenir una vez más con el fin de ampliar esta sección concreta de la actividad económica y social. La distribución de la renta, sin embargo, es también relevante para el proceso de desarrollo. Este proceso puede frustrarse fácilmente si sus frutos no se distribuyen ampliamente, y de igual manera puede frustrarse si éstos se distribuyen demasiado amplia y prontamente. En estos tres casos el problema de las proporciones correctas y de la interacción de la economía de intercambio y la economía de donaciones es quizá la cuestión más importante de economía política y subyace, como vimos anteriormente, a toda la polémica socialista.
Un aspecto significativo de la relación entre la economía de intercambio y la economía de donaciones es el concepto de una economía de donaciones «implícitas» que surge como resultado de las distorsiones políticas de la estructura de precios o, más generalmente, de la estructura del intercambio. Prácticamente cualquier medida que tome un gobierno del tipo de regulaciones, prohibiciones, contingentes, restricciones cuantitativas, licencias, etc., alterará la estructura de precios relativos 8, lo cual, a su vez, conducirá a cambios, bien temporales o permanentes, en la distribución de la renta y los activos. En otras palabras, cualquier intervención estatal de este tipo en la economía enriquecerá más a algunas personas y empobrecerá más a otras, constituyendo una donación implícita de los que se hacen más pobres a los que se hacen más ricos. Si, por ejemplo, una persona o grupo de personas obtiene el monopolio de alguna mercancía, el precio de esta mercancía aumentará, y habrá una donación implícita de todas las personas que la compran a aquellos que la producen o controlan. De igual forma, un arancel tendrá unos efectos redistributivos complejos, perjudicando a los consumidores y quizá beneficiando a los productores del país que lo impone, perjudicando a los productores y quizá beneficiando a los consumidores de los otros países. Estas donaciones implícitas son enormemente complejas y es muy difícil descubrirlas en la mayor parte de los casos prácticos.
