
Existen otras consideraciones que subrayan la autonomía e independencia del sector de las donaciones en la economía y la consiguiente necesidad de un estudio independiente de este sector. Si observamos las funciones tradicionales del sector del intercambio en la sociedad esto es, de los mercados (la organización implicada en comprar y vender) y la estructura de precios (el conjunto de precios o relaciones en el que se intercambian las cosas) encontramos que todas sus funciones importantes tienen su paralelo en el sector de las donaciones. Esta determinación de cuál debe ser el tamaño de cada segmento de la economía se realiza por medio del «mecanismo precio beneficio». Este mecanismo funciona de tal modo que, si un segmento cualquiera de la economía es «demasiado grande» en relación con la demanda de su producto, el precio de éste tendrá que ser «demasiado bajo» para que ese segmento sea rentable. Así, los recursos anteriormente empleados en producir el bien en cuestión fluirán hacia sectores más rentables de la economía. Y a la inversa, si un segmento cualquiera es «demasiado pequeño», el precio de su producto será «demasiado elevado», siendo anormalmente rentable, y los recursos fluirán hacia dicho segmento. Por tanto, si definimos el equilibrio como una determinada situación, posición o gama de posiciones de un sistema, cuya ruptura origina una actividad encaminada a corregir la divergencia producida, podemos decir que un sistema puro de intercambio engendrará un equilibrio en la distribución de los recursos entre las diferentes ocupaciones e industrias. En cada estado de la tecnología, esta condición será bastante estable, aunque no hay que descartar los cambios espectaculares a largo plazo.
Sin embargo, el sector de las donaciones en la economía también desempeña un papel significativo en la distribución de los recursos. Supóngase que postulamos una estructura de las donaciones «neutral respecto a los recursos», en la que no cambian la distribución de éstos ni la combinación de bienes que integran el output de la economía. Si el mendigo se toma una taza de café con la moneda que le doy, y si porque le he dado la moneda no puedo hacerlo yo, la donación redistribuye la renta, pero no los recursos. Si no se pagaran impuestos para proporcionar un sistema de educación pública, la gente podría emplear su renta para comprar en el mercado libre un sistema educativo del mismo tipo. La naturaleza muy poco probable de estos ejemplos sugiere que la existencia de un sistema de donaciones neutral en cuanto a la distribución de los recursos es extremadamente improbable. Es más, generalmente el objetivo explícito de un conjunto de transferencias unidireccionales es la redistribución de los recursos en la dirección que el donante considera deseable. Así, la autoridad central de cualquier organización emplea las donaciones interiores para redistribuir los recursos dentro de la organización, por ejemplo, aumentando o disminuyendo los gastos de ventas o de mantenimiento, o canalizando recursos a favor o en contra de uno u otro departamento. Igualmente, las donaciones dentro de la familia persiguen generalmente el objetivo de cambiar la actividad del recipiendario, como cuando un padre paga para que su hijo asista a la universidad. Las donaciones de las fundaciones están generalmente concebidas para impulsar a los recipiendarios a realizar actividades que en otro caso no podrían haber realizado. De igual forma, las donaciones en forma de ayuda extranjera están generalmente ligadas a algún programa de desarrollo con el objeto de que el recipiendario haga algo que en otro caso no hubiera hecho. Si un sistema de donaciones hubiera de ser neutral con respecto a la distribución de los recursos, las donaciones tendrían, por tanto, que estar cuidadosamente planificadas, siendo su objetivo la neutralidad. Sin embargo, no hay prácticamente ninguna motivación para planificar donaciones de esta forma; en realidad la motivación está en la otra dirección.
Una cuestión muy interesante es si tiene sentido postular un «equilibrio» en la asignación de los recursos en un sistema combinado de intercambios y donaciones. En general, los economistas han considerado las donaciones como una distorsión algo arbitraria del equilibrio producido por el funcionamiento suave de una economía de intercambio. No es de ningún modo imposible suponer que las demandas políticas y las preferencias de la comunidad, que proporcionan una mezcla compleja de benevolencia, malevolencia y demanda de bienes públicos en la economía de donaciones, no podrían también dar origen a algo así como un equilibrio en la distribución de los recursos. Presumiblemente toda actividad se origina, en cierto sentido, a causa de la divergencia entre un ideal y algún valor real percibido de alguna variable o condición, de forma que es igualmente razonable aplicar el concepto de equilibrio a la economía de donaciones que a la economía de intercambio. Así, si la demanda de educación en el mercado parece proporcionar un sector educativo, que, en una forma políticamente consciente, es ampliamente reconocido como «demasiado pequeño», el mecanismo de las donaciones entrará en juego para ampliarlo, a través de la beneficencia o de la imposición y el gasto público. Y, por supuesto, estas donaciones perjudicarán a otros sectores que liberarán recursos para la educación.
