El progreso, el crecimiento y libertad económica y el reconocimiento de las libertades y derechos esenciales

Pero de vez en cuando comenzó a aparecer la influencia de la iniciativa y talentos espontáneos del individuo. De las antiguas civilizaciones de Oriente llegaron primero los matemáticos, astrónomos e ingenieros; los griegos produjeron hombres geniales cuyas filosofías y experimentos abrieron algunas de las puertas para la comprensión de las leyes naturales. Por mucho, mucho tiempo, empero, la influencia de estos raros ejemplares geniales fue sofocada por el poderío de la autoridad tradicional, fuese la tribu, el estado autocrático o la jerarquía religiosa predominante.

El adelanto económico sólo cobró empuje en los sitios donde fueron apareciendo los comienzos de libertad económica y el reconocimiento de las libertades y derechos esenciales de una sustancial proporción del pueblo. A medida que el clima general fue proveyendo oportunidades, el individuo tuvo ocasión de actuar. La formulación de postulados científicos por hombres como Newton y el descubrimiento de los principios de la máquina de vapor por Watt condujeron a la Revolución Industrial. El hombre entrón la edad de la energía y las máquinas. En los países caracterizados por las grandes realizaciones materiales de los dos últimos siglos, se aceptó y probó que la libertad era la clave del progreso económico, y que la libertad de empresa era una de las libertades esenciales y básicas.

Frente a estos antecedentes de desarrollo económico histórico, echemos un vistazo al problema, tal como existe hoy en las nuevas fronteras. Las leyes naturales básicas y los principios fundamentales que rigen el comportamiento humano siempre nos acompañan, pero las circunstancias de nuestro mundo actual presentan un grado de complejidad y una rapidez de cambios que nunca se habían dado previamente. En nuestro día la ciencia y la tecnología prosperan con tanta rapidez que nuestros ajustes personales, políticos y sociales han quedado rezagados con respecto a ellas, creando tipos de actividad y organización totalmente distintos que demandan alteraciones fundamentales en otras esferas de la vida.

Los revolucionarios adelantos científicos coincidieron con vastas modificaciones políticas y sociales, y, probablemente, sean en gran medida los causantes de las mismas. Hemos visto la desaparición de estructuras políticas de antigua data y el surgimiento de gran número de naciones nuevas. Se ha operado una generalizada fragmentación política, mientras que los desarrollos económicos y técnicos exigen una interrelación mayor y más estrecha entre los pueblos. El extremo nacionalismo y la inestabilidad política entorpecen la utilización eficaz de las prácticas demostradas que mejor producen crecimiento económico. Junto con estos acontecimientos se ha registrado el despertar de las masas populares en zonas hasta ahora en gran medida ajenas a las realizaciones de otros de vida mejor. Ahora, habiendo aprendido y visto las maravillas de su era, quieren electricidad, quieren automóviles y aviones, y quieren mejores alimentos y ropa.

Competencia o Estancamiento

Ahora quisiera hacer un comentario sobre los principios y prácticas más específicos que, según creo, constituyen los fundamentos del comercio moderno próspero. A pesar de las grandes variaciones en condiciones y etapas de vida económica, el buen comercio o mal comercio no depende del lugar. Como requisito primordial colocaría el espíritu de empresa la vigorosa iniciativa del individuo, el atacar por cuenta propia, el correr un riesgo en la construcción de algo nuevo, siempre que se tengan perspectivas de gratificación proporcionada con el riesgo que se corre. Esto exige flexibilidad para apartarse del camino trillado, cosa que no ha caracterizado en general a los países menos desarrollados. En segundo término, de la lista colocaría el espíritu de competencia. Los monopolios son cómodos para quienes los administran, pero la comodidad es enemiga del cambio y las mejoras. Un amigo mío lo ha dicho de esta manera: Uno de los aspectos más desagradables del comercio es pensar, y sin competencia se evita esa molestia. Pero si se tiene un competidor hábil, hay que pensar o abandonar cl negocio. Incómoda, sí, pero tengo el convencimiento de que la competencia es, en síntesis, progreso comercial. No cabe duda de que ha sido uno de los factores primordiales del notable crecimiento económico de Estados Unidos.

Otro ingrediente del comercio moderno es la disciplina. No el poder autocrático en la cumbre, sino la disciplina de un equipo bien entrenado. Más y más, a medida que el comercio cobra magnitud y complejidad, el individuo único y absoluto es reemplazado por un grupo administrativo que comparte responsabilidades bajo un dirigente. Esto requiere un alto grado de autodisciplina en todos los aspectos. El comercio moderno funciona al compás del reloj: mañana no sirve para la tarea de hoy. Las máquinas mismas son inexorables capataces: hay que servirlas a horario, demandan minuciosa atención y servicio de preparaciones. El hombre de negocios de hoy tiene una responsabilidad cada vez mayor hacia su propio pueblo, sus accionistas, sus clientes y la comunidad. Los días del “maldito público” han quedado atrás. Los dirigentes comerciales han aprendido que la mejor prosperidad y las mejores ganancias son para quienes promueven los legítimos intereses de sus empleados, quienes satisfacen mejor las necesidades de sus clientes y quienes se comportan como buenos ciudadanos de sus comunidades.

Otro proceso patológico en el sector de donaciones

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