Las primeras ciudades, organización social, su economía y la influencia de las donaciones

El paso del neolítico a los imperios civilizados y la llamada «revolución urbana» del 3.000 a.C., puede haber sido, de nuevo, en parte, el resultado del desarrollo de la metalurgia con sus mejoras en armas e instrumentos agrícolas. La ciudad, y posteriormente, los imperios, fueron una invención social en la que el liderazgo carismático y la religión parecen haber desempeñado un papel notable. Las primeras ciudades parecen, ciertamente, teocracias; lo que las colocaría más cerca de la N en la línea que va de N a M. Sin embargo, con el desarrollo de los hábitos de la organización social, surge la función del sistema coactivo organizado, y el rey o emperador, con sus ejércitos, se apoya mucho más en la coacción que en el carisma y las redes integradoras. Al movernos de M hacia F y C, de nuevo con el aumento del intercambio, puede haber un desarrollo de ciertas redes integradoras, tales como la religión, que actúan como intermediarios; también pueden desarrollarse porque las ventajas del intercambio son mucho mayores que las ventajas del sistema coactivo. La causa de esto es el famoso principio de Adam Smith de que la división del trabajo depende de la amplitud del mercado; así, el comercio favorece la división del trabajo, el cual desarrolla la productividad, que a su vez fomenta un intercambio adicional, motivando un aumento de la productividad, y así sucesivamente, en un proceso de «retroalimentación positiva de desviación ampliación».

La inestabilidad del capitalismo puede surgir, en parte, de ciertos defectos técnicos de un complicado sistema de intercambio que tiene como resultado el paro y la depresión; no obstante, también resulta de ciertas deslegitimaciones del intercambio que pueden tener lugar a causa de fuertes preferencias por las relaciones integradoras que son, después de todo, personalmente mucho más satisfactorias que cl intercambio. Hacer cosas por amor siempre parece más moral y progresista que hacerlas por dinero. De forma tal que el capitalismo se mina a sí mismo, como señaló Schumpeter, a pesar de su éxito, debido al fracaso de las instituciones basadas en el intercambio tales como la financiación, la banca, las sociedades anónimas, etc., en desarrollar una matriz integradora que las legitime. Por tanto, se pueden dar alteraciones, si bien hacia S o hacia S’. Desafortunadamente, los movimientos dirigidos hacia S’ a menudo parecen acabar en S (quizás S quiera decir Stalin).

Ciertamente, a medida que aumenta el conocimiento y que la humanidad se hace más consciente de sí misma y de su medio ambiente, podemos esperar que la «demanda» (la percepción de la divergencia entre el estado de cosas existente y algún estado considerado como mejor o más cercano al ideal) es probable que desempeñe un papel mayor en la dinámica de la sociedad que los ciegos movimientos de la evolución tecnológica a través de la mutación (invención y selección). El sueño de «planificar» esto es, que el hombre podría tener una imagen de un futuro preferido hacia el que deliberadamente dirigiría sus propios movimientos y los de su sociedad es un sueño que quizá no tenga más de cien años pero que, no obstante, ha capturado la imaginación de muchas personas. Como todos los sueños, puede convertirse fácilmente en una pesadilla, ya que el plan puede ser meramente un factor más en una situación evolutiva ecológica sobre la que no tenemos ningún control real, y podemos acabar peor que en la ausencia de un plan. Por ejemplo, si planeamos pasar de C a S’, que es una posición preferida, a causa de la existencia del plan podemos acabar realmente situándonos en S, que realmente es peor que la situación anterior. La historia de las revoluciones y las economías planificadas no es en modo alguno alentadora a este respecto.

El hecho de que algunos planes pueden ser peores que la ausencia de un plan no descarta la posibilidad de que haya otros planes que serían mejores. La búsqueda de éstos parece casi inevitable con el surgimiento de una conciencia social. La planificación, en realidad, es una parte del precio que pagamos por la concienciación. Es casi imposible tener una conciencia y no dirigir nuestras energías hacia una imagen consciente del futuro. Curiosa ironía la de que, precisamente en el momento en que las imágenes conscientes del futuro se hacen importantes para la dinámica de la sociedad, el futuro adopta esa calidad claustrofóbica cerrada hacia el vehículo espacial Tierra y hacia un estado estacionario del que parece haber pocas oportunidades de escapar.

Las donaciones y las fronteras de posibilidades

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