La función de la economía de donaciones

Uno de los aspectos más importantes de la economía de donaciones es la funciona que desempeña en la construcción de estructuras y comunidades integradoras; esto es, grupos de personas que tienen algunos sentimientos de identificación y benevolencia mutuos. La dinámica del crecimiento comunitario es sutil y muy poco comprendida. La transferencia unidireccional, sin embargo, desempeña una función muy significativa en el proceso, en parte a causa de un fenómeno que Gouldner ha denominado el «multiplicador de reciprocidad» en el caso de la reciprocidad en serie. Un regalo puede ser una expresión unilateral, por parte del donante, de identificación con el recipiendario. El recibo del regalo crea frecuentemente un sentido casi inconsciente de obligación; quizá, como se sugirió anteriormente, a causa de los aspectos de rebajamiento de estatus que conlleva el ser recipiendario. Si esta obligación se satisface por medio de un regalo ofrecido en correspondencia al otro, tenemos reciprocidad simple y el círculo se cierra inmediatamente sin repercusiones posteriores, aunque pueda haber una cierta formación de sentimiento integrador entre las dos partes. Sin embargo, si tiene como resultado la reciprocidad en serie, puede muy bien haber un efecto multiplicador que abarque a más y más personas en las operaciones de formación de comunidad de la entrega de regalos, hasta que sea alcanzado algún tipo de equilibrio. Quizás podamos pensar en el proceso en términos epidemiológicos. Así, el dador del regalo original se convierte en un foco de infección de benevolencia. La infección puede perder su intensidad al pasar a través de un cierto número de receptores y dadores subsiguientes, pero, bajo ciertas circunstancias, puede aumentar en intensidad al disparar sentimientos benevolentes previamente latentes. El proceso cesa cuando llega a un individuo recalcitrante que simplemente absorbe un regalo sin sentir ninguna obligación de retransmitirlo. Los regalos, incidentalmente, no necesitan ser mercancías. Pueden ser meramente comunicaciones: sonrisas, cortesías, saludos, pequeños favores, etc.

Otra fuente de interacción entre la economía de donaciones y el sistema integrador surge de lo que, en su forma patológica, he denominado «trampa del sacrificio». Un regalo ayuda a crear la identidad del dador, y un regalo dado a un individuo, o a una causa, o a una comunidad identifica, al dador con el recipiendario. En cualquier caso, una vez que se ha hecho el regalo, es muy difícil retirarlo, y también es muy difícil para el dador admitir que estaba equivocado. Así, el regalo se introduce en la identidad del dador; en casos patológicos puede encontrarse emboscado en una identidad desventajosa con la sociedad, organización o causa por la que se ha sacrificado. Este principio empuja a las personas a tirar dinero bueno detrás del malo, a tirar soldados vivos detrás de los muertos, nuevos mártires detrás de los antiguos, etc. Es muy difícil para un político cuyas decisiones han costado un gran número de vidas humanas admitir, frente a sí mismo o frente a cualquiera, que estas decisiones estaban equivocadas. Con el fin de justificarlas a menudo tiene que tirar más vidas al pozo sin fondo del sacrificio. Hasta cierto punto, el principio puede ser sano porque, sin el tipo de compromiso o identidad que emerge del sacrificio, podría ser que ninguna comunidad, ni siquiera la familia, realmente se mantuviese unida. Por otra parte, el principio fácilmente se convierte en patológico, como vemos en la guerra y en ciertos excesos de devoción religiosa o política, o incluso en la familia, donde las personas a veces se crean mutuamente vidas de absoluta miseria porque cada uno ha sacrificado demasiado. El intercambio no tiene tal poder de crear comunidad, identidad y compromiso, quizás porque no implica mucho sacrificio. En realidad, ésta es una de las grandes debilidades del capitalismo que está organizado principalmente a través del intercambio. Puede no ser capaz de atraer a través de sus instituciones ese mínimo de lealtad, devoción y afecto necesarios para mantenerlas. Joseph Schumpeter fue quizá el primer economista en señalar esto.

Otra fuente de la debilidad integradora del intercambio es su casi exclusivo confinamiento a relaciones bipartitas, mientras que un sistema de donaciones puede ser fácilmente multipartito. Aunque las operaciones del mercado competitivo abarcan a muchas partes, cada transacción dentro del sistema se realiza entre dos partes. Es muy raro encontrar una transacción de intercambio que abarque a tres partes, por ejemplo, un contrato en el que A da algo a B, B da algo a C y C da algo a A. Incluso los mecanismos que crean un mercado unificado, como el arbitraje’, tienen lugar en transacciones bipartitas individuales. Un intercambio, por supuesto, afecta a otros en sus inmediaciones, de forma que el sistema de intercambio mantiene algo así como un equilibrio multipartito. Sin embargo, esto no se ve; es secreto y «ecológico». Aparece para el individuo como una fuerza externa de la naturaleza sobre la que no tiene control y, por lo tanto, no es sorprendente que sea difícil para un sistema de intercambio exigir lealtades.

La economía de las donaciones y su aspecto social

La herencia, fenómeno social íntimamente relacionado con la economía de las donaciones 

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