
En una economía sin donaciones, la renta sólo puede recibirse a través del intercambio esto es, la venta de algún activo, y la renta continuada sólo se obtiene por medio de la producción el aumento continuo de activos por medio de algún proceso productivo. Por lo tanto, en una economía sin donaciones, como dicen los comunistas, «aquellos que no trabajan, tampoco comerán». Es decir, sólo aquellos que producen podrán consumir, a menos que puedan consumir de la acumulación procedente de la producción previa. Está claro que bajo estas condiciones los niños se morirían de hambre inmediatamente y la sociedad cesaría de existir. La existencia de la sociedad en sí misma implica la existencia de una economía de donaciones redistributivas, con donaciones que van de los adultos productivos a los niños improductivos. De igual forma, en una economía sin donaciones, todas las personas que son demasiado viejas para producir también consumirían de su acumulación anterior o se morirían de hambre rápidamente si esta acumulación se terminara. La supervivencia de la sociedad depende del mantenimiento de sus niños, no del mantenimiento de sus viejos. Sin embargo, en las sociedades modernas esta solución se considera inaceptable y, por lo tanto, se hacen donaciones a los viejos o adultos incapacitados que no tienen recursos acumulados que consumir.
Podemos imaginar un equilibrio de donaciones que no es totalmente diferente del equilibrio en la estructura de precios. Como en ésta, depende de la demanda y la oferta de donaciones. La demanda depende del número de aquellos cuya renta, a través de la economía de intercambio, es percibida por los donantes potenciales como inadecuada y necesitada de un suplemento, o cuyas actividades se considera deben ser cambiadas. También depende de la demanda de bienes públicos, tales como la educación, la defensa, la investigación, la asistencia médica, etc., que no pueden ser proporcionados adecuadamente a través de la economía de intercambio. La oferta de donaciones depende de la disposición de aquellos que tienen el poder de realizarlas. Como hemos visto, la oferta de donaciones de las fundaciones es casi perfectamente inelástica; harán donaciones sin importar cuál sea la demanda, ya que están obligadas a hacerlas por su identidad, si no por su constitución y estatutos. Para las personas privadas y los Estados, la oferta de donaciones en general no es perfectamente inelástica. La percepción de una necesidad de realizar donaciones puede aumentar la cantidad. Un aumento en los recursos totales de los donantes también puede incrementar la cantidad. Es difícil definir exactamente estos conceptos de elasticidad de la demanda y de la oferta, de la misma forma en que podemos hacerlo en el caso de la economía del intercambio. Pero a pesar de las dificultades de medida no cabe duda de que la idea representa algo real.
En la teoría de los precios postulamos que una mercancía tendrá una cantidad y un precio de equilibrio, precio que será el que proporcione unos beneficios a sus productores que son considerados como normales, y cantidad que será la que puede venderse a ese precio que proporciona esos rendimientos normales a los productores. También podemos postular un equilibrio en la economía de donaciones dependiendo de nuevo de la compleja interacción de las fuerzas de la oferta y la demanda, en el sentido de que, si las donaciones a una persona o sector particulares de la economía están por debajo del nivel de equilibrio, esto será percibido como una deficiencia en los procesos de adopción de decisiones por parte de las personas que tienen el poder de realizar donaciones, y éstas aumentarán. De igual forma, si las donaciones de cualquier persona o sector particulares están por encima del nivel de equilibrio serán percibidas como «demasiado elevadas», y disminuirán. El punto de equilibrio depende, por supuesto, de las instituciones políticas y de otros tipos y de las normas morales, pero esto también es cierto para el equilibrio de precios. Por consiguiente, es obvio que el equilibrio de las donaciones tiene que estar incluido en el equilibrio general del sistema de precios, simplemente porque la cantidad y la distribución de las donaciones afectan a la demanda y a la oferta generales de mercancías. En una economía pura sin donaciones habrá muy poca demanda de mercancías para los niños, sencillamente porque no quedarán niños. Los fabricantes de juguetes quebrarán y pronto no quedará nadie para demandar u ofrecer nada. El mercado de cada mercancía tiene, al menos teóricamente, un componente de donaciones. Para algunas mercancías, este componente es muy grande.
Esta cuestión del componente de donaciones en la economía de intercambio tiene una importancia grande y creciente para las decisiones de política económica. Considérense, por ejemplo, las diversas propuestas de una renta anual garantizada o alguna forma de impuesto negativo sobre la renta. Es probable que tal sistema de donaciones relativamente incondicionadas tenga efectos profundos, tanto sobre la demanda de mercancías de diferentes tipos como sobre la oferta de factores de producción, especialmente la mano de obra. Una de las cuestiones más interesantes para la investigación social del momento es la posible repercusión de los diversos tipos de renta anual garantizada sobre la oferta de trabajo. ¿Induciría una renta anual garantizada a que una gran cantidad de personas se retirasen del mercado de trabajo y disfrutasen del modesto nivel de vida proporcionado por la donación? ¿O nos encontraríamos con el efecto inverso, con que una renta anual garantizada proporciona un «suelo» sobre el que la gente desearía obtener una renta mayor, de forma tal que la seguridad proporcionada por la renta anual garantizada podría aumentar fácilmente la oferta de trabajo a medida que la gente saliera de la apatía y la desorganización que crean las rentas inseguras y trabajasen por satisfacer necesidades convencionales en lugar de necesidades absolutas? Se está realizando alguna investigación empírica sobre estos temas, generalmente con resultados algo inconcluyentes, pero hay indicios de que estas respuestas dependen en gran medida de la edad y responsabilidades familiares de las partes implicadas. En el extremo más viejo del ciclo vital, es probable que una renta anual garantizada reduzca la oferta de trabajo, mientras que en el extremo más joven y en el medio puede muy bien aumentarla, a menos que contribuya al desarrollo de una «dropout culture» *. Estas cuestiones son de enorme importancia práctica para la adopción de decisiones de política social. El hecho de que conozcamos tan poco sobre ellas es una grave desventaja.
