El desarrollo de la economía nacional 

Solo para una época de transición y necesariamente dejaron de tener sentido tan pronto como el desarrollo de la economía nacional alcanzó su primera etapa de equilibrio. Una vez que la población, en su crecimiento, hubo superado el óptimo, la tesis poblacionista del mercantilismo se convirtió en anticuada y como Malthus pronto iba a demostrar lo opuesto era lo correcto. Lo mismo es verdad del incremento de la cantidad de dinero: podía constituir el propósito de la política económica en tanto que los mercados experimentaran una carencia del medio circulante. Tan pronto fuera remediada esta deficiencia, tan pronto como la población se familanzara con las posibilidades del papel moneda (Law), la vieja teoría pasó de moda. En Boisguillebert, este cambio está, por primera vez, clara y conscientemente expresado. El dinero, dice, cuyas funciones pueden ser desempeñadas sea por el cobre y cuero, conchas y papel, como por el oro y plata, no es un valor en sí mismo, y su abundancia no se agrega a la riqueza de un país, a condición de que haya el suficiente para conservar intactos los precios de los artículos esenciales. La nueva situación destruía, o al menos modificaba, la antigua teoría: Petty, North y Steuart declararon que la cantidad de dinero en una economía nacional no debía ser ni demasiado pequeña ni demasiado grande, y se empeñaron en encontrar los factores que determinaban esta cantidad óptima. Así se desarrollan, por una parte, la teoría cuantitativa del dinero (Locke)y, por otra, el análisis del proceso inflacionario (Humc).

La caída de la tesis central del mercantilismo invalidó necesariamente todos sus otros postulados: si no se necesitaba más metal, ya no era necesario insistir en un constante saldo favorable de la balanza de comercio; y si esto ya no cra esencial, llegó a ser posible eximir al Estado de los oficios que, entretanto, habían modelado el mercado doméstico en una gran unidad. Sin embargo, la evaluación de las ramas de la vida económica, cambiaron tan pronto como la industria y la agricultura, también, se ajustaron y fueron incluidas en la economía de cambio, asumiendo formas capitalistas. Sombart quien, siguiendo al admirable libro de Bidermann (Ueber das Merkantilsystem, 1870), ha contribuido mucho a la aclaración de problemas en consideración, llamando al mercantilismo la “economía política del capitalismo primitivo” ha sintetizado de manera notable la esencia de esta doctrina tan malentendida y tan denostada. El que las teorías que constituyeron el sistema mercantil puede y debe ser concebido como los frutos de un tiempo en que Europa pasaba de una economía natural a otra de cambio, también se prueba por una consideración del único teórico de importancia del siglo xIx que trabajó en condiciones parecidas: el norteamericano Henry Carey. Held había hablado de la “reincidencia de Carey en el sistema mercantil” y así describió la semejanza de su perspectiva con esa doctrina, semejanza que se explica sencillamente por el hecho de que en tiempo de Carey (que nació en 1793) la economía norteamericana estaba colocada en el umbral del sistema económico moderno al igual que la italiana lo estuvo en tiempos de Genovesi, de quien se dijo haber mostrado una especial similitud. 

En ambos casos la misma creencia en los efectos benéficos de una población creciente, el mismo deseo de incrementar la circulación monetaria y la velocidad de esa circulación, en ambos casos el mismo proteccionismo estricto; en una palabra, una concordancia en los principios de política económica para el desarrollo de una economía de cambio que es, como lo fue, expresado simbólicamente en la predilección de Carey por Colbert. En Inglaterra, al mercantilismo siguió inmediatamente la economía clásica: entre la Inquiry de Steuart y la Riqueza de las naciones de Smith hay solo diez cortos años. En Francia, sin embargo, se insertó entre ellas, por sí misma, una escuela que, aunque apenas floreció durante una sola generación, y aunque su tesis básica casi no fue aceptada fuera de su país de origen, no obstante, influyó profundamente el curso de desarrollo: la escuela fisiocrática de François Quesnay. “El suelo es la única fuente de riqueza.” En esta concisa frase Quesnay expresó la idea fundamental de su doctrina, la aserción que ha sido tan incomprensible a la posteridad de que el comercio y la industria son incapaces de producir un beneficio neto más allá de sus gastos.

Los productos de la agricultura reembolsan los costos, pay gan el trabajo manual de cultivo, procuran ganancias a los labradores y, en adición, producen los ingresos de los Estados. Los que compran los productos de la industria pagan por los costos, el trabajo manual y la ganancia del comerciante; pero esos artículos no producen ninguna renta por encima de estos costos. Turgot a quien por lo regular se le representa como un pensador independiente, sostuvo exactamente la misma doctrina. Dijo del agricultor: “Lo que su trabajo provoca que la tierra produzca más allá de sus necesidades personales es el único fondo para los salarios que reciben todos los demás miembros de la sociedad”. 

Inversiones Internacionales en las Economías Receptoras 

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