
La responsabilidad que el hombre de negocios tiene de proteger y promover el sistema de libre empresa, sin el cual dejaría de ser comerciante. Esto exige que se niegue a recurrir al gobierno en busca de subsidios y protecciones indebidas, créditos baratos, garantías contra riesgos inherentes a su actividad: negarse, en efecto, a usar las muletas del gobierno y no sus propios pies. Porque donde el gobierno para la música, tiende a dirigir la orquesta. Estos atributos del comercio próspero se relacionan con las ganancias, aspecto esencial del sistema de libre empresa. Me impacientan los que se disculpan por el móvil de lucro. El ganar recompensa propia es deseo humano básico y digno. Para el comercio esta recompensa se expresa normalmente en ganancias, y en los casos en que se deriva de la provisión de bienes y servicios útiles, es respetable y vital para el funcionamiento de una economía libre. Las ganancias proveen los empleos y máquinas para sostener y ampliar el comercio; son las únicas que atraen la corriente de capital hacia la industria; son la savia vital de toda economía en desarrollo. Mucha gente se preocupa en la actualidad porque el clima dc las inversiones internacionales no es propicio. En mi opinión el clima no va a ser propicio mantras la gente no acepte el móvil de lucro como objetivo digno y descabale.
Debe Entrar En Acción El Capital Local
En cuanto al capital para el desarrollo de las nuevas fronteras, la mayor parte debe provenir de fuentes locales. El frecuente aserto de que faltan capitales locales, por lo general significa que está en manos de un puñado de ricos y que en su mayor parte descansa en el exterior. Debido a los fermentos políticos, a la inflación o a otras causas que conducen a la pérdida de confianza, los propietarios de ese capital se resisten a invertir en negocios dentro de sus propios países. El capital local existe en cantidades sustanciales casi en todas partes: depende de los gobiernos y hombres de negocios por igual el atraerlo hacia aplicaciones útiles. Las condiciones y oportunidades que inducen a los comerciantes e inversores locales a aventurarse en nuevas empresas y a ampliar las ya existentes, atraerán asimismo al comercio y capital extranjero. En Estados Unidos y Europa he visto en los últimos años que el interés de las industrias y del capital financiero en las oportunidades de ultramar aumenta decididamente.
Para que un país atraiga empresas y capitales extranjeros debe, ante todo, adoptar una actitud de amistad y cooperación, y no de recelo y hostilidad. Esto no solamente se aplica a la actitud de los gobiernos y público, sino también a los comerciantes locales. Todo buen negocio florece en una economía próspera, y los intereses locales más a tono con estos tiempos de crecimiento están alertas ante las ventajas que reporta la introducción de experiencia, capacidades y capitales de afuera, a menudo combinándolos en beneficio mutuo. Como instrumento para asistir en el desarrollo económico de las nuevas fronteras, el año pasado fue creada la organización que encabezo: la Corporación Internacional de Finanzas. Cuenta con un capital de 93 millones de dólares, suscrito por 53 países. Invierte sin garantía gubernamental en empresas privadas productivas, asociándose con comercios privados capaces de suministrar administración competente.
Actúa como fondo de inversiones, corriendo los riesgos y buscando las recompensas de la empresa, y desempeña el papel del inversor y no simplemente de dador de dinero. Trata de actuar como catalizador para acelerar la propagación de la empresa privada. Su objetivo consiste en demostrar que las inversiones bien emprendidas en las regiones menos desarrolladas son altamente lucrativas, en estimular con esa demostración la afluencia de capitales y administración privados en tales inversiones. Hasta ahora la C.I.F. ha hecho cinco inversiones dos en Méjico, y una cada una en Brasil, Chile y Australia por un total de 6.000.000 de dólares en empresas cuyo valor total asciende a unos 34.000.000 de dólares. Para terminar, he de resumir lo que contemplo como “el reto de las economías en naciente desarrollo “‘y también las oportunidades que se ofrecen a los hombres de negocios audaces y experimentados en los países más desarrollados.
1. Las nuevas fronteras económicas marchan en la ola del crecimiento, ofreciendo oportunidades, riesgos y dificultades.
2. Aprovechando máquinas, métodos y administración ya desarrollados, atrayendo capitales privados locales y extranjeros, y siguiendo los principios probados de administración pública y empresa privada y libre, el ritmo del desarrollo habrá de ser más rápido que nunca. Pero no se alcanzará el objetivo de la mañana a la noche, ni tampoco mediante panaceas políticos.
3. Las fronteras necesitan la experiencia y capitales de las regiones más maduras, y éstas, a su vez, necesitan los mercados y abundantes recursos de las regiones en naciente desarrollo. En esto tenemos un buen negocio por naturaleza.
Para los países donde está más desarrollada, la empresa privada es su mejor producto de exportación. En cuanto a las economías en crecimiento, la importación de esa empresa privada hará el máximo por multiplicar la producción de bienes y servicios y por distribuirlos ampliamente entre el pueblo.
4. Por último, a medida que avancen estos países en surgimiento sea por el camino de la fiscalización estatal de las energías y destino del hombre, o por la amplia avenida de la libertad y la liberación de la iniciativa y recursos del individuo lo mismo sucederá con nuestro mundo.
El comprender esto y actuar sobre su base es un reto digno de todos nosotros.
