Inversiones Internacionales en las Economías Receptoras 

Otra idea interesante formulada fue que los círculos comerciales y bancarios privados deben considerar la organización de un banco mundial privado, con suscripciones de divisas locales para invertir en cualquier región del mundo con fines de lucro Tal fondo no contaría con garantías gubernamentales, como sucede con los actuales créditos del Banco Mundial, pero se sugirió que su posesión internacional compensaría esa omisión. Hubo considerable deliberación en su mayoría no centralizada sobre el Efecto de las Inversiones Internacionales en las Economías Receptoras. Se coincidió casi con unanimidad en que el efecto es bueno. Los familiarizados con un reciente estudio precursor. SE expresó cierta preocupación hecho que creo que no se recalcó lo suficiente de que en ocasiones las inversiones extranjeras lleguen a superar la capacidad de absorción de la economía local. Se mencionó que en un país había montañas de complicados equipos agrícolas sin usar, herrumbrándose, mientras que una sencilla azada de mano, introducida más o menos al mismo tiempo, revolucionaba la productividad en las granjas del país. Se opinó en general que el capital debe ser absorbido con eficacia con gran rapidez, incluso en los países menos desarrollados. El tema final plantado en las mesas redondas fue el problema de Incrementar la Comprensión del Sistema de Empresa Privada. Si bien la conciencia de la importancia del problema ensombreció un tanto las sugestiones para resolverlo, hubo acentuado acuerdo en que las naciones occidentales no han comunicado a las nuevas naciones soberanas el carácter esencialmente benefactor del capitalismo socialmente consciente. Además, se señaló que las instituciones del capitalismo son mal comprendidas por la población general de todas las regiones del mundo, incluso Estados Unidos, y que lo mismo puede decirse de muchos hombres de negocios.

En 1960, apenas a un minuto o dos de ahora, la ciudad capital, Brasilia, estará lista para recibir al gobierno. Encima del progreso ya realizado, el surgimiento de esa nueva ciudad señala el comienzo de la verdadera realización de las espléndidas promesas de Brasil. El hablar de una capital federal, me recuerda la última en construirse, Camberra, en 1927. En la última década, Australia ha dado una maravillosa demostración de cómo prospera una civilización de primer orden. Australia propaga prosperidad y no pobreza. El hablar de federalismo me recuerda el Mercado Común Europeo y la Zona de Comercio Libre, brillante presentación que se hallará en este libro. No hace falta necesariamente saltar al sueño de una Europa Federal, pero se saborea la realidad de una Europa fuerte, cuyo poderío económico se robustece todavía más. Si no hubiera habido un Tratado de Roma que crease el Mercado Común, la Conferencia de San Francisco no se habría podido celebrar. Es indudable que no se habría caracterizado por semejante espíritu de confianza y esperanza. Estos acontecimientos y proyectos no son sino contados ejemplos del enorme progreso realizado por y a través de la voluntad del hombre, a través de la voluntad educada de hombres que procuran hacer lo correcto, que procuran hacer lo que podríamos llamar la voluntad de Dios; tratando de hacerlo en un contexto de fraternidad humana siempre más amplio y más elevado.

Hacia un Orden Mundial

El destino económico de todo país radica en gran medida dentro de sí mismo. Así es. Pero. ¿Pero qué? ¿Que cada país debe ayudar a todos los demás? Este es uno de los “peros”, pero hay otro “pero” mucho más grande. Lo que todos necesitamos, Estados Unidos y todos los demás países, es un orden económico mundial y general, un orden económico mucho mejor del que prevalece ahora. Es aquí, quisiera decir, donde Estados Unidos se ha quedado corto. En la labor de crear un orden económico mundial racional, mi país no sólo se ha quedado corto en algún alto ideal de cruzado. Estados Unidos se ha quedado corto frente a sus responsabilidades obvias y razonables; no ha hecho lo que razonablemente se habría esperado de él como la potencia económica más grande de la historia. No digo que el norteamericano tenga algún motivo para avergonzarse de la actuación general de su país en este período de crisis mundial.

Alienta esta esperanza la valiente posición tomada por el vicepresidente de Estados Unidos. Creo que todo lector de Estados Unidos y el exterior sabe que las medidas propiciadas por Richard Nixon no arrastran muchos votos en este país.

En este momento probablemente no haya en el Congreso una mayoría que apruebe los puntos que abogó el señor Nixon. Sin embargo, creo que la habrá. Lo creo porque lo que el señor Nixon preconiza son cosas razonables, cosas que casi toda la gente educada sabe que son ciertas; cosas que son necesarias para la paz y prosperidad de la humanidad.

Al hacer esto y más, Estados Unidos se comportaría como una gran nación debe hacerlo. Este es el llamamiento que se debe hacer con insistencia al gobierno y al pueblo norteamericano, tanto por parte de ciudadanos norteamericanos ilustres como por los ciudadanos de todas las naciones libres. Lo que pedimos a Norteamérica es que desempeñe su parte y practique los ideales que profesa: en suma, que sea digna de la riqueza, poderío y fortaleza con que la generosa Providencia la ha bendecido.

Las economías en naciente desarrollo 

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