Ajustes en la economía y organización social

Lo que se ajusta es lo ajustable, a priori no puede decirse cuáles son los elementos ajustables del sistema; depende mucho de la naturaleza de la organización social y del clima social que rodea a un sector particular de la sociedad. Tanto fuerzas walrasianas como marshallianas pueden fácilmente estar en funcionamiento. Una gran cosecha creará tensiones en el mercado del trigo donde lo más fácil de ajustar es su precio, ya que los mercados organizados, al fin y al cabo, están especializados en ajustar los precios. Un descenso en la demanda de acero y, por consiguiente, unos excedentes en las existencias de acero pueden no tener en absoluto como resultado una caída de los precios. Lo más fácil de ajustar para las empresas del acero es su empleo y su producto, que disminuirán en estas circunstancias.

El sistema de donaciones es claramente una parte de este proceso. Algunas veces es la estructura de donaciones la parte ajustable de la sociedad, y esto es lo que cambia en respuesta a las presiones. Por ejemplo, un paro creciente, o elevado, puede crear una abrumadora demanda de aumento en los pagos de bienestar, seguro de desempleo, contratos de defensa, etc. La pobreza agrícola crea una demanda de subvenciones estatales como cualquier industria en declive. La miseria de los países pobres tiene como resultado una demanda, no tanto de cambiar sus ocupaciones como respuesta tradicional a una relación de intercambio insatisfactoria. sino de subvenciones y concesiones de los países ricos, como en la UNCTAD. Desafortunadamente, en este caso, la oferta no parece ser muy elástica. Algunas veces el ajuste se realiza mediante la violencia, como en la guerra de guerrillas, los desórdenes civiles, las manifestaciones y la guerra internacional. Por tanto, los procesos de la economía de intercambio, tal como se describen en la teoría convencional del intercambio, tienen que observarse como un caso muy especial de un proceso de ajuste general en el que los ajustes pueden hacerse, no sólo en las cantidades producidas y los precios, sino también en las donaciones, en la violencia, en las huelgas, en los boicots, etc. Los ajustes que tienen lugar no reducen necesariamente las tensiones que los producen, pero si no es así, el sistema se mueve hacia una tensión creciente y posiblemente al colapso. Hay en funcionamiento grandes fuerzas selectivas que conducen a la eliminación de sistemas con ajustes que aumentan la tensión. Una vez percibido, tanto la economía del intercambio como la economía de donaciones pueden considerarse como casos especiales de un fenómeno social mucho más amplio.

Una cuestión muy interesante, que merece ser más investigada, es si la economía de donaciones, y la de donaciones públicas en particular, pueden emplearse eficazmente para solucionar el problema de la inflación y el subempleo. Antes de que podamos dar una respuesta definitiva a esta cuestión, necesitamos saber más sobre la actual dinámica social de la formación de los precios y sobre los tipos de presiones que conducen a decisiones que tienen como resultado aumentos en los precios y salarios monetarios. No obstante, vale la pena proseguir con la idea. Gardiner Means, por ejemplo, elaboró la casi única teoría sobre este tema que ha habido en treinta años, en su libro sobre la industria del acero. Sugirió que la imposición diferencial en forma de un super impuesto sobre aquellos aumentos de la renta derivados de aumentos en los precios y salarios monetarios, tendría un efecto de coacción sobre estos aumentos y no sería administrativamente imposible, aunque introduciría costes adicionales de contabilidad y cálculo. Esto en sí mismo sería una aplicación diferencial de la economía de donaciones, a través del sistema impositivo, para penalizar los tipos de comportamiento que producen inflación; no estoy preparado para decir en este punto si es practicable o no, o incluso equitativo. La idea general merece, sin embargo, múltiples investigaciones, aunque sólo sea a causa de la gravedad del problema y la falta de propuestas satisfactorias para su solución, aparte del control detallado de precios y salarios que es administrativamente un problema extremadamente difícil y políticamente aceptable sólo bajo condiciones de tensión considerable. Por ejemplo, la sugerencia de Means podría llevarse más lejos para considerar las subvenciones a los precios y salarios deprimidos en aquellos casos en que el estudio empírico muestra que hay un aefec.to demostración»; esto es, cuando un aumento de los precios o salarios de un sector establece la moda para los otros. ¡Supóngase, para imaginar que un aumento cualquiera de los salarios monetarios que se muestre inflacionario debiera ser financiado por un impuesto sobre el producto final! Todas estas políticas tendrían efectos redistributivos sobre la renta que pueden considerarse indeseables. No obstante, merece la pena pensar sobre el problema de cómo organizar la redistribución de la renta de forma que tenga un efecto de freno sobre la inflación. Hasta ahora, la ausencia de una teoría formal de la economía de donaciones ha impedido prácticamente el planteamiento de este problema. Sin embargo, una vez planteado, ciertamente aumentarán las posibilidades de solución. Así, mientras que es cierto que no podemos ofrecer una teoría de la economía de donaciones como panacea para los defectos de una economía del intercambio, al menos contribuye a profundizar esta última, lo que es necesario si hemos de resolver los problemas del mundo real en el que el intercambio es sólo una parte de una panorámica.

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DONACIONES PRIVADAS

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