El sistema de controles de precios 

Las restricciones cuantitativas por medio de los controles de precios y salarios producen casi inevitablemente «mercados negros», donde el intercambio tiene lugar bien en cantidades ilegales o bien con precios y salarios ilegales. Cuanto más complejo sea el sistema de controles, más difícil es vigilar los mercados negros. Frecuentemente, el sistema es minado o aquellos escépticos respecto a los controles pueden decir que se hace manejable por el desarrollo de la ilegalidad. Hemos visto esto bajo la prohibición, como uno de los casos más extremos de controles cuantitativos, con el desarrollo de los fabricantes y vendedores ilegales y de los puestos de venta ilegal de alcohol. Esto puede conducir fácilmente a una falta general de respeto por la ley y a una deslegitimación de las instituciones políticas que puede tener consecuencias desastrosas para una sociedad. Otro aspecto de los controles de cantidad y precios es el desarrollo de la corrupción, como rasgo de la ilegalidad, favorecida por estos controles. Allí donde un funcionario tiene el poder de imponer sanciones, a menudo es tentador inducirle por medio del soborno a abstenerse de ejercer su poder. Esto toma la forma de una economía de donaciones, como un tipo de tributo, y de nuevo puede conducir a una deslegitimación desastrosa del sistema legal y político. En efecto, los controles crean así espirales viciosas: el crear una espiral es a menudo una invitación para corromper a su servidor, y esto, a su vez, corrompe todo el sistema.

Uno de mis ejemplos favoritos del principio de la ironía implícita es el contingente impuesto por el gobierno británico sobre las importaciones de bacon danés en 1934, a causa de una fuerte presión política para «hacer algo por la agricultura británica». Los productores de cerdos británicos persuadieron al gobierno de imponer un contingente a las importaciones de bacon danés, que se había convertido en un artículo de consumo popular entre las familias británicas, con la esperanza de que la disminución de las importaciones produciría un aumento de la demanda de bacon británico y, por tanto, una elevación de su precio y unos mayores rendimientos para el sector. Sin embargo, a los ojos del ama de casa británica, los productos grasientos y desaliñados de la industria británica del cerdo no eran sustitutos de los delicados y uniformes torreznos daneses, de forma que la demanda de bacon danés resultó ser bastante inelástica. Como resultado del contingente, el precio del bacon danés aumentó bruscamente, y los británicos acabaron por pagar a los daneses más dinero por menos bacon. Así, el contingente proporcionó a los daneses un fructífero poder monopolista en el mercado británico. El aumento de la demanda de bacon británico fue pequeño y el resultado neto fue una donación implícita del consumidor británico al productor danés, que no era ciertamente lo proyectado por el gobierno británico.

Otro ejemplo del principio de la ironía implícita surge de las consecuencias del contingente sobre el tabaco en Estados Unidos, impuesto por primera vez en 19346. Bajo este sistema, cualquier agricultor en las áreas especificadas, que estaba produciendo tabaco en ese momento, se tuvo que sujetar a un contingente; esto es, a una licencia para vender una cierta cantidad de tabaco, basada en cuanto había estado produciendo. El contingente en este caso se aplicó a la explotación en lugar de al agricultor y pronto se convirtió en una valiosa propiedad. De entre dos explotaciones idénticas, una con contingente y otra sin él, la del contingente puede ahora venderse en seis veces el precio de la que no lo tiene. Está claro que éste representó una donación implícita, aunque no esté muy claro de quién a favor de los propietarios de aquellas explotaciones que se vieron sujetas a los contingentes en el año inicial. Puede ser muy difícil justificar esto por medio de cualquier principio de justicia social.

Otro ejemplo de donaciones implícitas en un sistema de licencias es el problema de las licencias del gobierno federal de Estados Unidos para las emisoras de radio y televisión. Aquí, de nuevo, esto representa una donación del público a los recipiendarios de estas licencias que puede valorarse fácilmente en millones de dólares. No es ningún secreto que la fortuna del Presidente Lyndon Johnson estaba basada principalmente en una donación implícita de este tipo.

Las licencias de importación y las licencias para el control de las divisas son ejemplos parecidos de donaciones implícitas del resto de la sociedad a aquellos afortunados que reciben las licencias. En efecto, es éste un sistema de imposición privada que permite a los poseedores de licencias establecer un impuesto sobre el resto de la sociedad para su propio beneficio. Como los recipiendarios de licencias son frecuentemente los miembros más ricos y más poderosos de la sociedad, este tipo de donación implícita conlleva casi siempre una redistribución de los pobres a los ricos y, por tanto, compensa cualesquiera redistribuciones de éstos a aquéllos que puedan tener lugar a través del sistema de donaciones directas y del sistema fiscal.

Una economía sin donación

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