La dependencia en los programas de bienestar

Se encuentra el mismo fenómeno de la trampa de la dependencia en los programas de bienestar tales como Aid to Dependent Children, que pueden producir fácilmente una «subcultura del bienestar» permanentemente dependiente de las donaciones de bienestar e incapaz de realizar posibles adaptaciones hacia una verdadera independencia. Vemos el mismo fenómeno en las reservas indias de Estados Unidos, que son quizá uno de los ejemplos más desastrosos de una aguda trampa de dependencia. Este fenómeno está tan externo y es tan importante que resulta sorprendente que haya recibido poca consideración seria por parte de los científicos sociales; a ellos mismos hayan caído en la trampa de la dependencia. La tercera trampa del sector de donaciones, que surge a causa de la ausencia de retroalimentación la extraordinaria dificultad de desarrollar sistemas de información que puedan explicar las consecuencias de las donaciones y, así, informar sobre cualesquiera divergencias entre los objetivos de las donaciones y sus consecuencias reales. Señalamos este fenómeno anteriormente y lo denominamos «principio de la ironía política). 

Hay muy poca investigación recogida, procesada y sistematizada referente a los problemas de los efectos distributivos de las políticas. Aparentemente, esto puede surgir de un sentimiento subconsciente de que la ignorancia es la felicidad, de que si las personas supieran cómo se ven afectadas por diversas políticas, sea defensa, conservación o incluso política de bienestar social, los conflictos se harían muy agudos y la sociedad se destruiría por la simple dificultad de controlarlos. Por otra parte, puede afirmarse que es precisamente nuestra ignorancia sobre los efectos distributivos de las políticas la que crea una frustración y ansiedad incoherentes que son corrosivas para la legitimidad y estabilidad políticas. El sentimiento de que hagamos lo que hagamos tendrá consecuencias totalmente inesperadas es interesantemente corrosivo para todo el orden político y es una fuente importante de esa anomia, esa violencia y ese anarquismo que representan quizá la mayor amenaza para las sociedades organizadas complejas. Mientras que la ignorancia puede ser la felicidad a corto plazo, rara vez lo es a largo plazo. 

Nos quedamos con el problema de cómo mejorar los procesos de información y los procesos de retroalimentación del comportamiento de las donaciones de todo tipo desde la beneficencia privada, a las fundaciones, a los estados, todas las cuales están constantemente haciendo daño bajo bandera del bien. Las buenas intenciones no son una excusa para los malos resultados y la arrogancia del buen hacedor ignorante le convierte en un hacedor bueno y mina esa necesaria función de hacer el verdadero bien, sin la cual la sociedad no podría existir por mucho tiempo. Uno se siente tentado a sugerir que además del requerido «En vironmental Impact Statement», toda política o programa debería tener un «Distributional Impact Statement», que indique quién se verá beneficiado y quién perjudicado por la propuesta. La elaboración de tales trabajos representaría, sin embargo, un desafío para los economistas, dado el estado actual de los conocimientos, desafío al que quizá no podrían enfrentarse.

Hasta el momento, en este ensayo he tratado de fenómenos bastante claros y preguntas de fácil solución, aunque algunas de las cuestiones, especialmente sobre la distribución, son difíciles de responder y aún no están contestadas. Sin embargo, es difícil terminar el tema sin observar algunas de las cuestiones más amplias, quizá no susceptibles de respuesta, relativas al futuro. ¿Cuál es la tendencia, o tendencias, del futuro? ¿Estamos, por ejemplo, dirigiéndonos hacia una sociedad en la que las donaciones formarán una parte creciente de todas las transacciones, hasta el punto en que el intercambio se reduzca a un vestigio? ¿O es probable que encontremos que este período de donaciones crecientes llega a un final y alcanza algún tipo de equilibrio, y si es así, a qué nivel? ¿Nos estamos dirigiendo hacia una sociedad en la que las donaciones formarán una parte creciente del total, o nos estamos dirigiendo hacia una sociedad más libre en la que la mayor parte de lo necesario se realizará causa de la buena voluntad espontánea? ¿Ansiamos aumentar la igualdad o estamos proyectando un mundo de creciente desigualdad y explotación? La mayor parte de nosotros no vivirá para responder a estas preguntas. No obstante, persiguen a la imaginación, y quizá los fantasmas del futuro sólo pueden exorcizarse por medio de la especulación poética en el presente.

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