
La dirección mundial tendiente a estimular y alentar la iniciativa y empresa privada en los asuntos económicos tiene que provenir del comercio y el gobierno. Tal dirección tiene que ser cooperativa, con hincapié en medidas y programas complementarios. La empresa privada no puede crecer y prosperar sin que cl gobierno le dé una mano, pero los gobiernos del mundo libre no podrán hacer frente a las vastas demandas económicas de sus pueblos sin apoyo de parte del comercio privado. Existe la generalizada impresión de que a largo plazo el progreso económico dependerá del fortalecimiento de la empresa privada inteligente, pero que esta política tiene que tener en cuenta distintas etapas de desarrollo económico, educación, tecnología, modalidades culturales, aspiraciones políticas, riqueza nacional y otras condiciones ambientales. En general, la opinión mayoritaria está decididamente de parte de las inversiones privadamente financiadas y administradas en los sectores productivos de la economía. Sin embargo, varios participantes, en especial de las regiones en reciente desarrollo, recalcaron la importancia de las inversiones gubernamentales en el ámbito de los servicios públicos, para crear una situación favorable al eventual desarrollo de la empresa privada. Ningún grupo de mesa redonda intentó definir con exactitud dónde trabar la línea entre las inversiones privadas y públicas. En general se coincidió en que el área reservada para la empresa privada, o por lo menos cooperativa, tiene que ser todo lo grande que las condiciones locales permitan.
También, en todas las discusiones de mesa redonda, se hizo énfasis en que la fortaleza económica y política del mundo libre descansa en una recia y eficaz asociación entre la empresa privada, el gobierno y los sindicatos libres, apuntalados por la ciencia, la tecnología, la productividad y el espíritu de pueblos libres. Ahora vamos al último punto, la tónica de todas las exposiciones de que el reto más grande de los pueblos de buena voluntad radica en adquirir sabiduría y comprensión. Todos los participantes coincidieron en que el gobierno y los hombres de negocios ilustrados deben buscar comprensión, y que la Conferencia de Desarrollo Industrial Internacional, a la que asistieron más de 600 dirigentes comerciales y gubernamentales de 56 países, fue un gran paso en esta dirección.
Señor Baker. Los hechos llenan los libros de historia, pero las ideas e ideales modelan y determinan los hechos. Creo que esta conferencia ha sido extraordinariamente rica en el tipo de ideas e ideales que ejercen influencia en la historia, y que ha sido particularmente afortunada la diversidad de opiniones expresadas aquí. Como indicara el doctor Gibson, decir que este informe representa un “consenso” fácilmente induciría a error, puesto que las deliberaciones fueron animadas por vigorosa disensión. Esto no debe extrañar, puesto que la fortaleza básica de esta conferencia, como la del mundo libre mismo, está en que cada miembro es libre para expresar sus propios puntos de vista sin necesidad de ajustarlos a los de los demás. En materia de principios, la conferencia ha arrojado notable unanimidad, como era de esperar cuando se reúnen hombres de buena voluntad. Pero a menudo tuvimos ideas encontradas sobre la forma de traducir a los principios en política y acción. El asunto que más se destacó en las recomendaciones y cartas recibidas de más de 200 delegados antes de la conferencia y también durante las deliberaciones de mesa redonda misma, fue la Política Económica Exterior de Estados Unidos. El tema fue casi exclusivamente crítico, y las críticas provinieron casi en igual medida de norteamericanos y de ciudadanos de otros países. El tono fue más pesaroso que indignado. Como comentara un delegado: “Es lamentable que parezca mucho más fácil conseguir ayuda en dólares que reducir los aranceles aduaneros y otras restricciones al comercio.”
La liberalización del comercio propuesta por el vicepresidente Nixon dio lugar a muchos comentarios entre los delegados. Hubo amplia coincidencia en que el vicepresidente había esbozado la política económica más visionaria y progresista jamás pronunciada hasta ahora por un alto funcionario norteamericano. Mereció particulares elogios por su respaldo incondicional a la prórroga por cinco años de la Ley de Tratados de Comercio Recíproco, a pesar de que la mayoría de los presentes temimos que los acuerdos encuentren tiempo tormentoso en el próximo período de sesiones del Congreso. La imprevisibilidad de las restricciones norteamericanas al comercio e importaciones fue atacada acerbamente. Se señaló que las leyes arancelarias de Estados Unidos parecen destinadas a castigar al extranjero industrioso.
