
Los estallidos de la población y la revolución de crecientes expectaciones nos dicen que si nos proponemos satisfacer esa necesidad, tendremos que suplir fantásticas demandas de recursos naturales, tecnología, capital y administración.
También se coincide en que la urgente necesidad de desarrollo económico rápido y en gran escala crea dificultades mundiales. Entre ellas figuran la inflación, escasez de capital, el alto costo del dinero, escasez de gerentes avezados, desequilibrios monetarios y restricciones de mercados. Parece existir coincidencia en que se debe hacer algo para aliviar esas condiciones, en especial la inflación y la escasez de capital. De lo contrario, el crecimiento y prosperidad de las empresas gubernamentales y privadas se resentirá por igual. Se coincide en que estos problemas son básicamente económicos, pero su solución entraña consideraciones políticas. El realismo económico, la valentía política y la fe en el futuro son necesarios en igual medida.
Reconociendo que cierta inflación y cierta escasez de capitales habrán de persistir por mucho tiempo, algunos miembros de la conferencia consideran que la inflación moderada podría contemplarse como estímulo para el comercio privado y como incentivo para el crecimiento y progreso económico. Pero el grueso de la opinión parece ser que la inflación es un grave problema mundial. En todas las exposiciones se hizo hincapié en que la inflación rápida es nociva para el desarrollo industrial y hay que evitarla. Con frecuencia se hizo alusión a la escasez de divisas extranjeras, especialmente en los países en naciente desarrollo, que con tanta frecuencia se asocian con condiciones de inflación. Hubo consenso en que toda expansión monetaria debe estar sujeta a la fiscalización más cuidadosa y responsable.
Las presiones inflacionistas de los países altamente industrializados fueron consideradas distintas con respecto a las de las naciones en naciente desarrollo que acaban de alcanzar la soberanía. En las regiones altamente desarrolladas el problema radica en que los aumentos de salarios se adelantan a los aumentos de producción. Muchos participantes opinaron que esta tendencia, junto con otras rigideces de la economía, deposita una pesada carga sobre las medidas financieras clásicas para mantener fiscalizadas las presiones inflacionistas. Algunos participantes dudaron que, a la luz de estas condiciones, sea posible mantener las tendencias inflacionistas dentro de límites deseables.
Volviendo a los países en naciente desarrollo, se coincidió en que su inflación se origina principalmente en la urgencia del desarrollo, y, por ende, es de naturaleza casi clásica. Para todas las regiones del mundo libre, el capital, considerado en sus sentidos financiero y productivo, es escaso en relación con la gran necesidad del mismo. La mayoría de los participantes creen que esta situación durará todo lo que se alcanza a prever. Casi todos los que participaron en las discusiones de mesa redonda hicieron hincapié en que uno de los medios para conseguir que el capital se propague es cerciorarse de que se elijan acertados proyectos económicos.
Yendo al segundo punto del temario, Impacto del Mercado Común y Zona de Comercio Libre, las exposiciones respaldaron el principio de los mercados en crecimiento cooperativo y aprobaron específicamente el Mercado Común Europeo y la Zona de Comercio Libre. Surgieron diferencias en cuanto a la forma en que estos históricos acontecimientos habrán de afectar a ciertos países y líneas de comercio en particular. Se expresó la decidida impresión de que estos acuerdos no tienen que adquirir un carácter proteccionista, sino que es menester orientarlos hacia el mayor intercambio y producción. En las palabras del señor Marjolin, se considera que la nueva estructura debe “volverse hacia afuera y no hacia adentro”. Hubo muchas conjeturas en cuanto al grado de unidad económica y hasta política que habrá de necesitarse. Se anticipa estrecha armonía en la política europea.
Si bien la mayoría consideró que las medidas hacia la unificación económica europea acelerarán el crecimiento económico, agilitarán la empresa libre, acentuarán la impotencia de las investigaciones y el desarrollo tecnológico, y robustecerán en general la competencia, se hicieron ciertas reservas. Algunos participantes anticipan problemas de administración y regulaciones burocráticas, otros la posibilidad de que uno o más países de industria eficiente lleguen a dominar más de lo debido el Mercado Común, y otros más la posibilidad de que se recurra a subsidios gubernamentales para amparar a las industrias ineficientes. También se expresó el temor de que el Mercado Común modifique la modalidad o sincronización del desarrollo económico y limite el acceso a ciertas fuentes de materias primas o las perturbe.
