LA TEORIA ECONOMICA DEL BIENESTAR DE LAS DONACIONES

La ciencia económica nunca se ha contentado con ser «positiva”; esto es, meramente descriptiva de los hechos e indiferente a los valores. Siempre ha tenido un fuerte sesgo normativo y evaluador desde los tiempos de Adam Smith. Se ha preocupado de separar los hechos positivos de los juicios de valor normativos, y también ha insistido en que cualquier teoría normativa debe estar firmemente basada sobre algún tipo de conocimiento de la naturaleza y la dinámica del propio sistema. Las cosas no existen meramente porque sean correctas y buenas, y una cosa no puede ser correcta y buena si no puede existir. No tiene ningún sentido evaluar sistemas completamente imaginarios e inexistentes. No obstante, el deseo de evaluar ha sido fuerte, y gran parte de la motivación para el estudio de la ciencia económica ha venido de aquí. La economía positiva es una especie de mecánica celestial de los precios y las cantidades de los bienes. La economía normativa es un intento de realizar evaluaciones ordenadas de estos procesos dinámicos y de sugerir cuáles son mejores y cuáles peores. Los críticos pueden señalar que el paralelo de la astronomía normativa es la astrología. Sin embargo, la falacia de la astrología no consiste en que no debamos estar interesados en si los planetas afectan o no a la condición del hombre, sino en que hay muy poca evidencia real de que lo hagan. La mecánica terrestre de los precios y las cantidades de los bienes afecta claramente a la condición del hombre. Por tanto, la economía normativa es una disciplina intelectual completamente legítima porque es perfectamente sensato preguntar si la condición A del sistema económico o, en términos más amplios, del sistema social, es mejor o peor que la condición B.

El argumento de la función, lo que he denominado «universo pertinente», va a estar formado por un gran número de índices, indicadores, variables de todo tipo, algunas de las cuales pueden ser representadas por medio de números, otras por una gama de posiciones, algunas quizá sólo por medio de su presencia o ausencia. El problema crítico podría denominarse «problema de cuál es el punto óptimo»; esto es, si tenemos una variable en el «universo pertinente», llámese A, la cuestión crítica es el signo de la derivada dW/dA, esto es, el aumento de W/el aumento de A. ¿Si A aumenta, W aumenta o disminuye? Aquellas variables en las que el signo del diferencial es positivo esto es, cuanto más, mejor pueden llamarse «bienes»; aquellas en las que el signo es negativo cuanto más, peor pueden llamarse «males». No hay siempre acuerdo sobre cuáles variables son bienes y cuáles son males, aunque hay extensos campos en los que el acuerdo es sustancial. Casi todo el mundo está de acuerdo en que la salud es un bien y la enfermedad un mal, o en que el placer es un bien y el dolor un mal. Nos encontramos con dificultades porque algunas de estas relaciones, quizá la mayor parte, no son lineales; esto es, dW/dA no es constante. Algunas cosas son buenas cuando hay poco de ellas y se convierten en malas cuando hay mucho. Este es el principio de la media aristotélica. Incluso variables bastante sencillas muestran esta propiedad. Así, estamos evaluando la temperatura del cuerpo, nos encontramos con que el óptimo está entre 98° y 99° Farenheit, y que tanto las temperaturas más elevadas como más bajas que éstas son peores que la temperatura ideal del cuerpo. Uno sospecha que casi todas las variables de la función de bienestar muestran eventualmente este tipo de no linealidad. La prolongación de la vida de un hombre joven es evidentemente un bien; para un nonagenario incapacitado y senil, la prolongación de la vida puede ser claramente un mal. Hay una edad ideal para la muerte, de igual forma que hay una temperatura ideal del cuerpo. La única razón por la que no llegamos a reconocer esto es que hasta el siglo actual la mayoría de las personas, con mucho, morían antes de la edad óptima, de forma que un aumento en la esperanza de vida siempre ha parecido un bien. Sin embargo, estamos empezando a darnos cuenta de que la vida es también una función no lineal; después de un cierto punto el aumento en la duración de la vida es un mal.

Hablando en general, cuanto más compleja sea la variable, más heterogéneas serán las realidades a las que se refiere y más difícil será llegar a un acuerdo sobre la posición del óptimo. Así, si tratamos de contestar a la pregunta: «¿Es bueno o malo un mayor socialismo?”, nos encontramos con dificultades sobre el tipo de socialismo. El socialismo es una compleja colección de variables y no puede medirse por medio de una sola escala numérica, como una regla. También podemos encontrarnos con considerables desacuerdos sobre dónde se encuentra el punto óptimo de la función. Lo mismo sería verdad de cualesquiera variables sociales complicadas, tales como la libertad o la justicia o incluso la riqueza. Un aumento de riqueza es casi generalmente considerado como un bien para la gente pobre; no es de ningún modo evidente que sea bueno para la gente rica. Pero, de nuevo, es muy difícil decir dónde se encuentra el punto óptimo.

La economía del bienestar y las donaciones

Las donaciones y las fronteras de posibilidades

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