
Esto puede parecerse mucho al intercambio, ya que generalmente implica una transferencia bidireccional entre dos partes, algunas veces separadas por un intervalo de tiempo, de bienes o intercambiables. Sin embargo, es diferente del intercambio, ya que, mientras que éste es condicional («Te daré tanto de x si tú me das tanto de y») y está basado esencialmente en la aceptación de una oferta condicional, la reciprocidad es formalmente incondicionada, aunque en la práctica a menudo tiende a confundirse con el intercambio. Así, la reciprocidad puede definirse como donaciones mutuas o como un par de donaciones. Esto es, A da algo a B sólo a causa de la bondad de su corazón y de su benevolencia, hacia B, y B da algo a A sólo a causa de la bondad de su corazón y de su benevolencia hacia A; pero los dos actos no se relacionan formalmente, ya que ninguno es una condición formal del otro. Los regalos de navidad son un buen ejemplo de una actividad que frecuentemente implica reciprocidad y ocasionalmente degenera en intercambio. A pesar de esto, la naturaleza incondicionada de la operación la diferencia del intercambio, y quizá explica por qué la gente pocas veces obtiene en Navidad lo que realmente desea.
Las condiciones bajo las que es o no aceptable entregar dinero en lugar de regalos materiales constituirían un estudio muy interesante. La entrega de un regalo también lleva consigo un mensaje que dice: «Me he molestado para obtener algo que creo te gustará,» Este mensaje implica consideración o afecto o algún tipo de relación integradora. La reciprocidad, aunque superficialmente parece un intercambio, tiene aspectos integradores que este último no tiene. El hecho de que la «comercialización» de la Navidad se deplore tan ampliamente sugiere que la reciprocidad tiene una función que cumplir en la formación de un sentido de comunidad y una estructura más compleja de relaciones personales, que el intercambio puro y simple es incapaz de desempeñar. Afirmaría que incluso el intercambio requiere un cierto grado de relación integradora entre las partes antes de que pueda ser legitimado, que es por lo que casi siempre se desarrolla originalmente a partir de la reciprocidad, pudiendo considerarse históricamente como la formalización de aquélla.
La formalización de la reciprocidad en el intercambio tiene lugar no sólo a causa de la mayor flexibilidad y conveniencia del intercambio para obtener lo que realmente deseamos, sino también porque puede suponer una escapada de la desigualdad del estatus implícita en la donación. El intercambio tiene la misma cualidad de «ojo por ojo» que caracteriza al sistema de coacción contra coacción o de represalias (si me haces algo desagradable, te haré algo desagradable), aunque hay mucha menos agresividad en la acción. Las costumbres sociales y las entradas y salidas no materiales que delimitan el proceso de intercambio se producen porque la igualdad de estatus implícita en el intercambio puede diverge de la desigualdad aceptada en el resto de la sociedad. Esto justifica la gentileza del tendero tradicional hacia sus clientes más eminentes. Sabe perfectamente bien que en la transacción de intercambio tiene un status superior al tener un conocimiento superior, pero tiene que encubrir este hecho con el fin de evitar ofender a sus clientes que están bajo la ilusión de tener un estatus superior. En un supermercado no hay obsequiosidad, tan sólo unas escuetas normas de cortesía, porque la igualdad implícita en pagar dólares por comestibles no puede negarse. Hay poca diferencia de estatus entre el ama de casa que abona sus comestibles en caja y la dependienta que se encuentra al otro lado del mostrador.
Incluso en las sociedades modernas la reciprocidad en serie no es en modo alguno un fenómeno insignificante. Por ejemplo, es muy importante en las relaciones entre generaciones. La deuda que tenemos con nuestros padres a menudo no se les paga a ellos, sino a nuestros hijos, que a su vez pagan a sus hijos la deuda que nos deben, y así sucesivamente de generación en generación. Por supuesto, hay también una cierta cantidad de intercambio diferido o reciprocidad simple en la relación entre las dos generaciones. Los padres mantienen a sus hijos por medio de donaciones al menos lo hacían antes de que las pensiones y la seguridad social se desarrollarán en la esperanza de que cuando sean viejos sus hijos les mantendrán por medio de donaciones. Esto es reciprocidad a lo largo del tiempo, y no intercambio, ya que implica relaciones integradoras complejas que no están formalizadas contractualmente. Una vez que el mantenimiento a la ancianidad está formalizado contractualmente, cesa de ser reciprocidad y se convierte en intercambio. Incluso la Seguridad Social posee un considerable elemento de «reciprocidad pública» y normalmente no tiene el marco contractual del intercambio, evidente en las pensiones y los seguros privados.
