
Hoy día, hay muchas pruebas que sugieren que el hombre, como espacio, ha estado creciendo dentro de un nicho, también creciente durante el último medio millón dc años, pero que casi seguramente ha alcanzado el punto en que la expansión del nicho no puede continuar indefinidamente, y donde su saturación parece estar cerca dentro de un tiempo estrictamente histórico, tiempo medible en siglos, quizá incluso en décadas. Esto representa una crisis psicológica, ecológica y económica para la humanidad. En términos de su propia evolución, probablemente el hombre se ha ajustado bien a la expansión durante unos cien mil años, y lo ha hecho muy bien durante los últimos diez mil años. Los hábitos e instituciones, las tecnologías y las ideologías que han tenido un valor permanente, son aquellas que se han adaptado bien a una era de expansión. Ahora que esta era está llegando a su fin, todo un conjunto de nuevas ideas e instituciones, que previamente no se habían adaptado bien a la supervivencia, serán necesarias para ésta, y todo el futuro del hombre depende de si es capaz de realizar el ajuste con suficiente rapidez.
Por supuesto, el nicho es todavía ampliable; la expansión del nicho humano mediante un mayor conocimiento ha sido uno de los rasgos más característicos del desarrollo humano. Los recursos naturales están principalmente en función del conocimiento humano, e incluso es probable que en los últimos doscientos años hayamos estado descubriendo nuevos recursos más rápidamente que agotando los que ya conocíamos. La duración de este proceso es, sin embargo, una cuestión que tiene que plantearse, aunque no pueda ser contestada. Es evidente que no puede seguir así siempre. En cualquier caso, no podemos predecir el conocimiento; no sabemos, por ejemplo, si la energía de la fusión nuclear puede emplearse con efectividad. No sabemos cuáles son los límites de una mejor utilización de la energía solar, y no sabemos qué mejoras en el reciclaje de materiales podrían desarrollarse una vez que nos ocupemos de ellos.
Lo que está claro es que eventualmente tendremos que enfrentarnos al «vehículo espacial tierra» y al estado estacionario clásico, cuando todo el capital geológico de la tierra que ahora está fácilmente a nuestro alcance haya sido utilizado, y que tendremos que pasar a un sistema de reciclaje del material de los océanos, la atmósfera y los suelos, principalmente por medio del uso de la energía solar. Todavía estamos muy lejos de esta tecnología del reciclaje, y aún no sabemos cuántas personas puede mantener la Tierra en estas condiciones, o qué grado de comodidad podrá obtener incluso una población óptima. Una cosa está quedando clara: que hoy por hoy los dos tercios más pobres de la población mundial es muy poco probable que alcancen el nivel de vida de los países ricos dentro de un período de tiempo predecible, sencillamente a causa de la ausencia de materiales y de fuentes de energía que estén fácilmente a nuestro alcance. Puede ser que la verdadera importancia del experimento social que ahora se lleva a cabo en la China continental esté en que puede resultar en un modo de legitimar, perpetuar y hacer bastante tolerable un nivel bajo de estancamiento del producto económico. La imagen del futuro que parece estar más de moda hoy día, y que estaba de moda hace diez años, es la de una población y un producto nacional bruto por habitante continuamente crecientes en todo el mundo. Esta imagen parece ahora bastante poco realista a la luz de la contaminación, el agotamiento y las demás enfermedades de las sociedades ricas que están viviendo esencialmente de su capital geológico.
Bajo estas circunstancias, algo deprimentes, el problema del futuro de la economía de donaciones es de gran interés e importancia. Hemos visto que las donaciones se componen de dos elementos: uno que surge del sistema coactivo (temor) y otro que surge del sistema integrador (amor). Por lo tanto, no podemos representar exactamente la relación entre las donaciones y el intercambio por medio de un sencillo diagrama de dos variables. Sin embargo, el «triángulo social» es una forma de mostrar estas relaciones. Aquí, medimos el 100 por 100 de coacción en el punto T, el 100 por 100 de intercambio en el punto E y el 100 por 100 de relación integradora, o amor, en el punto L. Cualquier punto situado dentro del triángulo representa entonces una combinación de estas proporciones. Cualquier punto situado en la línea TL se encontraría en un 100 por 100 dentro de la economía de donaciones. Dentro del triángulo habrá algún límite, sugerido por la línea discontinua, que encierra el conjunto factible de estas tres proporciones. Estamos suponiendo que ninguna sociedad puede existir sin al menos alguna proporción de los tres elementos, y que es poco probable que la sociedad se sitúe en un punto donde la proporción de uno cualquiera de los elementos sea excesivamente elevada.
