
Stephanie Shirley , fue una experta en el arte de ayudar al prójimo. Dedicada en su juventud a otra de sus grandes pasiones, las matemáticas, supo brillar también en el campo de la tecnología. Una industria en la que debió luchar duramente contra la discriminación desde los inicios de su carrera. Su carácter audaz, desafió las barreras de género y en los albores de los 60’, fundó su exitosa empresa de software de carácter innovador. Dedicada a la filantropía, aún hoy a sus 91 años, su historia de vida es un compendio de sus luchas y victorias personales fuertemente marcadas por los sellos de la resiliencia y la igualdad de género.
Vera Buchtal, nació un 16 de septiembre de 1933 en una fría tarde de otoño en la ciudad de Viena. Una pequeña que, con el tiempo, brillaría en su rol de empresaria y filántropa bajo el nombre de Stephanie Shirley. Pero en aquellos lejanos y tranquilos días de la infancia, todavía no podía siquiera imaginar la enormidad de los desafíos que la vida le plantearía e invitaría a sortear. Su familia era judía y los tiempos , los de la Europa de entreguerra. La sombra del nazismo comenzaba a oscurecer el continente y la pequeña Vera, con otros miles de niños, fue enviada a Inglaterra en 1939 a través del Kindertransport, un tren que la salvó de una muerte segura.
En Inglaterra, fue adoptada por una familia británica y adoptó su nuevo nombre : Stephanie. Pero en sus más recónditos recuerdos, el largo viaje realizado en solitario y el golpe por la separación de sus padres, dotaron la temprana vida de Vera con un tinte nostálgico profundo que con los años, se trocaría en un temperamento aguerrido y resiliente que la ayudarían a forjar su destino.
Las matemáticas,su gran pasión
Desde muy pequeña, Stephanie mostró un talento poco común para las matemáticas. La lógica y los números despuntaron en su vida como una verdadera pasión, tanto que , en sus años jóvenes, se dedicaría fervientemente a sus estudios y obtendría su graduación con honores.
Sin embargo, cuando Stephanie intentó encontrar un empleo en su campo, ser mujer fue una barrera casi tan infranqueable como inesperada. El mundo de la tecnología -que recién asomaba- y el de los negocios y finanzas, a mediados del siglo XX , era un terreno dominado exclusivamente por hombres. Frustrada , pero determinada a conseguir al menos la oportunidad de ser entrevistada, Stephanie ideó su estrategia para lograrlo. Comenzó a firmar sus cartas de solicitud de empleo “por error” con el nombre de “Steve”. De repente, las puertas como sujetas por algún artilugio, se le abrieron de par en par , y Stephanie , “por error”, conseguía al fin ser entrevistada y con ello, demostrar toda su valía , empuje y talento.
La vida laboral de Stephanie siguió como ella esperaba: plena de desafíos y obstáculos, pero en constante ascenso . En la década del 80’ fundó Freelancers Programmers, una exitosa empresa en el rubro tecnológico centrada en el empleo de mujeres, que más tarde cotizaría en la bolsa. Sin embargo, fue su vida personal la que se llevó las cuotas más grandes de su gran espíritu de resiliencia. Su hijo, bautizado como Giles, fue diagnosticado con un tipo de autismo severo y la soñada vida de Stephanie dio un giro inesperado y rotundo , de 360 grados. Motivada por la condición de su pequeño, Stephanie se dedicó a la filantropía en el campo del autismo, fundando la Prior’s Court School en 1999 que cambiaría la vida de miles de niños.
Ser puente para una mejor calidad vida de muchos pequeños
Su mayor proyecto filantrópico , la fundación de Prior’s Court School, una escuela para niños del espectro autista, cambiaría el sentido entero de su vida. Una iniciativa que le daría las mayores satisfacciones y una alegría profunda y duradera, por el simple hecho de poder ayudar a miles de chicos a lograr su máximo desarrollo y potencial.
“Cuando me convertí en madre de un varoncito con necesidades especiales, me sentí muy abrumada. Muchas noches lloré en solitario por no saber cómo ayudar a mi hijo, cómo hacer que tuviera una vida plena y feliz dentro de sus condiciones. Tiempo después caí que no la única .Así nació la Prior’s Court School, mi desafío más importante y mi logro mayor que hoy es mi legado de vida” cuenta Stephanie a sus 91 vitales años
La historia de Stephanie Shirley abarca mucho más que reconocimientos y cifras. Cada hito conquistado en el campo empresarial y cada esfuerzo en el ámbito de la filantropía están fuertemente impregnados de su invaluable sello de compromiso con la igualdad de género y con el bienestar integral de las personas con autismo. Stephanie Shirley, quien alguna vez se vió obligada a adoptar el nombre “Steve” para sortear con éxito el sexismo de su tiempo, marcó a fuego el mundo de hoy . Por ello, su historia se alza como un faro de esperanza, un llamado a persistir frente a las adversidades de la vida y un recordatorio del poder transformador de la inclusión y la innovación.
