Deportista en silla de ruedas de competición avanzando con fuerza en una pista de atletismo.

 La vida  y los sueños en una bicicleta adaptada

La fundación Jean Maggi  brilla fuerte como un faro de esperanza . “Los límites los creamos nosotros y solo están en nuestra mente” , con este  lema como bandera,  la fundación abre una puerta  e impulsa a una vida con nuevas oportunidades para aquellos que sufren alguna discapacidad   motora. 

De ojos risueños y pelo entrecano, a Juan Ignacio Maggi los 59 años le sientan muy bien. Nos recibe alegre , con una sonrisa ancha en el rostro  y  una vitalidad de roble. Sin embargo, su camino de vida , a simple vista -y eso queda más que claro- que en nada se ha asemejado a un lecho de rosas. Recién nacido tuvo polio y la silla de ruedas se instaló de por vida en su horizonte. Pero como un titán,  le dio batalla a su destino y lejos de rendirse ante los obstáculos,  optó por expandir los límites que la vida le presentaba y luchó para cumplir sus sueños. 

Este abanico de logros que comenzó con la meta de conquistar su independencia hasta fundar su empresa, casarse, tener hijos y  hacer cumbre en el Himalaya con su bicicleta adaptada. Hoy además, busca a través de su Fundación Jean Maggi, que muchas personas con discapacidad motora puedan lograr  como él, sus todas sus metas en la vida. 

“Me defino a mí mismo como alguien imparable, como un soñador serial  más que como  deportista”, dice al describirse este hombre de jóvenes 59 años.  Entonces, para tener una idea de la magnitud de sus sueños debemos repasar su historial como deportista:  participó de infinidad de maratones, recorrió en bici más de 20 países,  cruzó la Cordillera de Los Andes e hizo cumbre en el Himalaya. Como si esto fuera poco para su currículum de vida, las ganas de ayudar de Juan Ignacio Maggi también son imparables. Gracias a su fuerza de voluntad, creó una fundación que lleva su nombre y contrata jóvenes que padecen alguna discapacidad, impulsa a que estudien miles con su ejemplo, dado que logró  graduarse como astronauta civil y espera, si la vida se lo permite, realizar una misión en el espacio exterior. También, le ha dicho que sí al cine donde se luce como  protagonista principal del documental “El límite es infinito” del laudado Juan José Campanella, donde describe su hazaña de superación personal

Vivir el presente con el corazón

Sin embargo, dice que lo que más lo ilusiona e inspira hoy es ver que los demás también pueden vencer sus propios límites y conquistar sus metas en la vida. En este camino cumplirá otro gran sueño de la Fundación: entregará mil bicis adaptadas especialmente para personas con discapacidad motora  para que muchos puedan realizar una actividad deportiva estimulante. Donar estas bicis adaptadas significa para Maggi  y su fundación , poder brindarle a muchos la posibilidad  real de “salir del estancamiento de una silla de ruedas”. “En aquel momento en que me subí a una bici me sentí como un héroe sin capa, sentí que podía tocar el cielo, que podía volar”, cuenta de aquel instante sublime. 

En concreto,  las mil bicicletas adaptadas que se sumarán a las 800 que ya fueron entregadas en una campaña anterior a niños con discapacidad es una  nueva iniciativa que alcanza una suma millonaria  pero que ha sido posible concretar gracias a la donación ininterrumpida de miles de personas que colaboran con la Fundación. 

Estas son las ocasiones en las que Juan Ignacio Maggi olvida los malos momentos que le tocaron transitar  en su vida, o mejor dicho, cuando les encuentra un sentido. Maggi se enfermó de polio al poco tiempo de nacido y por la enfermedad , quedó con gravísimas secuelas motoras. A consecuencia, poco a poco , aprendió a desenvolverse y  a caminar con la ayuda de bastones, lo que hacía que los adultos en la calle lo miraran como  un “pobrecito”.  Sin embargo, estudió lo que le gustaba, se enamoró y se casó, formó una hermosa familia y tuvo a sus hijos.Además fundó su propia empresa de tecnología y computación, pero sufrió un infarto,a los 37 años y su vida se paró una vez más.

El ejercicio un motor vital  para el cuerpo y el alma  

A Juan Ignacio le recomendaron hacer ejercicio para recuperarse del infarto y entonces recuerda:  “Vi bicicletas adaptadas y pensé que eso me vendría bien”. Apenas un mes después de salir del hospital, ya se había comprado una y descubierto una nueva gran pasión. Ese fue el inicio de un camino de conquistas que lo llevó paso a paso hasta hacer cumbre en el Himalaya y a ser reconocido como un destacado deportista.

A modo de cierre , Juan Ignacio comparte su idea de fondo de la campaña de donación de bicicletas adaptadas : “Cuando liberamos a una persona que está – de alguna manera- prisionero en su cuerpo y lo  ponemos en movimiento con bicicletas de mano, podemos  despertar  una potencia infinita, una capacidad de soñar en GRANDE y que se sienta , libre y fuerte y con muchas ganas de cumplir sus sueños”.

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