John Thornton, una vida apasionada al servicio de la fe , el comercio y la filantropía.

Este comerciante inglés, amante de los negocios y de las causas sociales, vivió para amasar fortunas y para entregarlas en causas benéficas. Considerado en su tiempo como el segundo hombre más rico del mundo, vivió de manera austera aún rodeado de lujos. Criticado,alabado y tomado por loco, encontró en desprenderse de todo, su verdadera fuente de alegría. 

John Thornton (1720-1790) , además de un  talento innato para los negocios poseía un  corazón por demás generoso. Como comerciante británico, fue pionero en abrir las rutas y en estrechar lazos comerciales con Rusia y los países con salida al Mar del Norte. Su fortuna , ganada en buena ley, llegó a ser cuantiosa y a ubicarlo, ya próximo a su muerte, como el segundo hombre más rico de Europa. El dinero, más bien su acumulación, no estaba entre sus planes sino más bien todo lo contrario. Su pasión fue la filantropía y  en sintonía  con su fe cristiana protestante, donó en vida gran parte de lo que poseía, ubicándose por su generosidad, como uno de los más notables filántropos del siglo XVIII. 

John Thornton nació en 1720, en Clapham, un suburbio londinense ubicado en la porción sur de la ciudad.  De familia rica, compuesta por cinco generaciones de comerciantes, al morir su padre, Robert Thornton de Yorkshire (1692-1742) heredó de él su enorme fortuna. Thornton, no desperdició ni un centavo en frugalidades,ni en lujos, placeres, viajes o llevando una vida disipada. Solo invirtió lo que consideró necesario para abrirse camino y desarrollar sus propias ideas acerca de cómo llevar adelante los negocios. Algo que realmente hacía muy bien, casi por divertimento y guiado por una brújula interior que le indicaba -casi siempre-el rumbo acertado, la decisión correcta, la jugada ganadora. Hacía negocios que resultaban exitosos como quien respira o bebe el té de las 5 de la tarde, bien a la manera inglesa:  con naturalidad, tradición y elegancia.

De este modo, haciendo buen uso de su herencia,  impulsó su carrera como comerciante y también como notable banquero.  Gran parte de su fortuna  la invirtió en la consolidación de las rutas comerciales con las regiones del báltico y Rusia,iniciativa que resultó en extremo lucrativa y  no cesaría de generarle  abultadas ganancias. Producto de esta creciente e imparable bonanza, otros proyectos que en el tiempo darían sus frutos, pudieron florecer sin sobresaltos ni dificultad. Thornton donaría en vida casi la totalidad de su fortuna a causas filantrópicas  que marcarían el destino de muchos en distintas partes del globo. Entre las causas que creía, eran  más urgentes e importantes por aquellos días,se encontraban  la evangelización y  la abolición de la esclavitud en tierras americanas. 

El matrimonio, un camino de conversión a la fe cristiana

Lucy Watson, la agraciada hija de Don Samuel Watson, uno de los socios principales de Thornton que más tarde se convertiría en su esposa, profesaba una profunda fe evangélica. Un factor clave en el posterior desarrollo de los hechos y que, poco a poco,  haría despertar  en Mr Watson , una fe auténtica  y ardiente. Por otro lado, la amistad estrecha que Thornton supo cultivar con  el reverendo Henry Venn , un pastor  anglicano que había sido designado al frente de la feligresía  de la Santísima Trinidad, en 1754, terminaron de delinear el carácter piadoso de un hombre que se dejó moldear íntegramente a la luz de los valores y principios de los Santos Evangelio.

La consigna que reza el Evangelio de “no acumular tesoros en la Tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen”, había calado fuerte en su vida como principio vital. Y entonces, Thornton se entregó por completo a la tarea de acumular tesoros para el cielo. Así, de forma sistemática y apasionada   comenzó a donar fuertes sumas de  dinero a diversas organizaciones benéficas meritorias, a particulares,  y al  impulso del apostolado  que , en aquellos tiempos,fueron el pilar de avance del protestantismo en América ,el Caribe y otros sitios lejanos del  mundo. 

Durante el resto de su vida, el comerciante Thornton fue donando, de modo sistemático,  la mitad de sus ganancias anuales a emprendimientos filantrópicos: se ocupó de la pronta edición, debida ilustración, impresión y distribución de miles de centenares  de Biblias y pequeños himnarios a las escuelas e iglesias evangélicas que por aquel entonces, no contaban con ellos para la litrugias por lo costoso que resultaba su adquisición. Además, financió la misión de un grupo de  predicadores que partían  cada año  a evangelizar en  la América colonial .

Pasión por evangelizar y ayudar

Junto con Jonas Hanway , otro  cristiano devoto dedicado al  comercio, Thornton se convirtió en 1756, en  miembro fundador de la Sociedad de la Marina . Esta organización de carácter benéfico,  tuvo como fin albergar y vestir a muchachos pobres  que decidían ingresar en el cuerpo de  la Marina Real Británica en los  tiempos turbulentos de la fratricida Guerra conocida como de los Siete Años . En 1758, fundó con otros socios, el Hospital Magdalen ubicado  en Whitechapel , Londres. Allí, encontraron refugio, atención y cuidados, cientos de mujeres que se dedicaban a ejercer la prostitución. Un lugar en donde con atención y cariño , se procuraba su   rehabilitación  mediante la enseñanza  de oficios alternativos para ganarse la vida.

John Newton , quien en su juventud fuera  capitán de un barco esclavista, más tarde se convertiría en un apasionado  pastor protestante al frente de la feligresía de  la iglesia de San Pedro y San Pablo en Buckinghamshire.  Newton recibió de Thornton, entre 1764 y  1780,  200 libras esterlinas anuales,  una suma importantísima con la que la parroquia asistía a los menos favorecidos. También,  supo ayudar desde lo anónimo  a una devota y vecina , Lady Huntingdon, quien gracias a sus cuantiosas donaciones pudo levantar  en tierras  galesas un  centro de formación educativa de excelencia, el Trevecca College. Un lugar que resultó  imprescindible para la formación de miles de niños y jóvenes de bajos recursos, y que sin la ayuda de Thornton y la iniciativa de Huntington,quizás , hubieran quedado sin un futuro digno.

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