
Un 16 de agosto de 1501, Miguel Ángel Bounarotti recibía el pedido oficial para realizar la escultura del David. Una obra que ya había comenzado a esculpir un tal Rossellino pero que por causa desconocida, este artista había dejado inconclusa . Así, un mes después y gracias al mecenazgo del Duomo o Sede Episcopal de Florencia, Miguel Angel pasaría dos años completos abocado a la tarea de dar vida a una de sus obras más imponentes y cautivadoras.
El pasaje del siglo XV al XVI fue para la ciudad de Florencia, algo similar a un aluvión de acontecimientos. Para empezar, en 1494 se desató contra los Médici, -que tenían bajo sus alas el poder de la ciudad toscana-, una violenta revuelta. Como resultado de este debilitamiento, sobre el Reino de Nápoles, avanzaría sin piedad el rey Carlos VIII de Francia. Y, en esta circunstancia de vulnerabilidad política Girolamo Savonarola, sacerdote confesor de Lorenzo de Médici, se pondría al frente del nuevo gobierno desatando por igual,persecución contra herejes y vanidosos.
Savoranola , fue el fraile dominico con grandes artes de predicador que creó una particular ceremonia de despojo en la ciudad de Florencia: la hoguera de las vanidades. En torno a una fogata, el religioso convocaba a los más ricos de la ciudad y los invitaba a deshacerse de sus objetos de lujo , de un modo literal y también simbólico, dado que la ocasión invitaba a ejercitar el desprendimiento interior de todo lo pasajero de este mundo, desechando los apegos materiales o simples vanidades. En este contexto de despojo, se le encarga a Miguel Ángel una obra colosal, monumental, la de tallar en un bloque de cinco toneladas y más de cinco metros de alto, la figura del rey más querido del Antiguo Testamento : el rey David. Una obra cuyo fin era simple, tan solo embellecer la Plaza de la Signoria.
Un mecenazgo imprescindible para la historia del Arte Universal
Gracias a los fondos aportados para el trabajo que tenían su origen en el Obispado de Florencia, Miguel Angel pudo disponer de dos largos años de dedicación exclusiva para darle forma al David. Con este mecenazgo imprescindible, el artista pasó un tiempo de trabajo de gran concentración y sin sobresaltos económicos que pudieran distraerlo de la concreción de tan particular obra de carácter monumental.
Así, el 8 de septiembre de 1504, día que se celebra el natalicio de la Sma Virgen María, Florencia vio lucirse en el centro de la célebre Piazza della Signoria, la escultura de 5,17 metros de alto y 5 toneladas de peso con la figura del pastor del pueblo de Israel , luego ungido en rey, el David.
El David permanecería incólume en su gallarda y varonil pose por casi cuatro siglos. Más tarde, para su adecuada preservación, las autoridades decidieron en 1873 trasladar la escultura a una nueva morada cubierta. Desde entonces, la Galería de la Academia de Florencia custodia esta obra de arte monumental y la Piazza della Signoria luce una réplica en mármol blanco a escala exacta de la escultura original en el mismo sitio que ocupó el primer David.
David, el rey de Israel que venció a Goliat
Según se narra en la Biblia, Goliat el contrincante del pastor David, era el soldado más temido del ejército de los filisteos que por aquellos tiempos sitió al pueblo de Israel por cuarenta días. Un ser al que nadie había logrado hacer frente sin huir en la primera oportunidad y menos aún, vencer. El porte de este guerrero, oriundo de la ciudad de Gat, se cree era superior a los tres metros y por ello, similar al de un gigante. Sus hazañas en el campo de batalla, eran la gloria de los filisteos, el orgullo de su pueblo. Goliat era considerado invencible. Hasta el día en que se cruzó cara a cara con David.
“¿Quién de ustedes se atreve a desafiarme , va a vencerme?”, espetó al campamento del ejército israelí, el gigante Goliat. La tarde se cargo de un silencio lleno de estupor. Entonces, David ( un chicuelo delgado , pastor de ovejas y soldado improvisado) pasó al frente y aceptó el desafío. Se puso la pesada armadura pero le incomodaba y dificultaba en sus movimientos. Por ello la desechó de inmediato. Como pastor de ovejas, sabía defenderlas a puro tiro de onda y solo avanzó con ella, cinco piedras y la armadura de la Fe. Miró fijo al gigante, mientras éste avanzaba riendose en su cara. David, tomó la onda y acomodó su piedra. Y, antes de apuntar, rezó elevando sus ojos al cielo. La piedra salió disparada de la onda como un rayo de fuego para dar en medio de la frente del gigante al que derribó de un golpe seco. Goliat estaba muerto para siempre.
