Charles Feeney o  la pasión de un magnate  por donar desde el anonimato.

Charles Feeney, (1931-2023) fue ese magnate a quien el dinero le quemaba en la mano o -más precisamente- en la cuenta bancaria, “tal como si fuera un patata caliente”. Considerado como uno de los más ricos de su país, EEUU,  se conoció que bajo  sigilo y en secreto , donó todo lo que poseía-hasta quedarse con “casi” nada. De los US$8.000 millones que donó en vida  y que cambiaron la vida de muchos,  Feeney conservó solo lo necesario para  afrontar con dignidad su vejez.

Charles Feeney, fue un hombre práctico, expeditivo y sobre todo, además de muy generoso,  amante de la paz y la concordia entre los seres humanos. Por ello, en el otoño de su vida, diseñó un plan en etapas para donar la totalidad de su cuantiosa fortuna y evitar con ello, luego de su muerte, cualquier infortunio familiar que pudiera quitar la paz entre los suyos. “No veo la razón por la cual uno tenga que esperar a morirse para donar o hacer el bien. Es mucho más gratificante ver de primera mano todo el bien que es posible hacer y ser testigo del avance de proyectos y causas que cambian para bien el destino de muchos” justificaba Feeney su decisión en una entrevista.

El hombre hablaba con conocimiento de causa dado que su pasión, que se despertó  en sus años jóvenes, fue la filantropía. Una actividad que pronto se convirtió en el eje de su vida, algo lo cautivó por completo y se convirtió en ese tan “necesario aire para respirar” que le daba un sentido profundo a su quehacer empresarial.   En su caso, se dedicó a la filantropía “a su manera”. Su compromiso social  se desarrolló bajo la consigna inviolable del anonimato, como una actividad más ligada quizás, a la consigna evangélica que reza : “cuando hagas el bien o ayudes a alguien, que quede en lo secreto, así solo Dios que ve en lo secreto te recompensará”.Pero Feeney  al consultado respecto de su modo de donar  fue contundente:  “Porque, desde mi punto de vista,  uno no debería tener que explicar al mundo  por qué  hace lo que hace”,espetó el millonario.

Lo cierto,  es que la suma  total que este empresario  irlandés-estadounidense donó con fines que van desde la educación, la investigación en salud pública hasta planes con el fin de llegar a acuerdos de paz, alcanzó los US$8.000 millones. También, supo destinar otros US$1.000 millones  en el mantenimiento  de los costos operativos un importante grupo de entidades que él mismo creó – de forma anónima- en el año 1982 , bautizado como Atlantic Philanthropies. Esta entidad , que cesó su operaciones en 2020, tal como fuera el deseo de Feeney en vida, fue clave para canalizar sus abultadas y regulares donaciones. La suma millonaria  donada por Atlantic y que terminó con la distribución de su fortuna tuvo lugar en 2016 .  Fueron alrededor de US$7 millones, donados con  el propósito de ayudar a estudiantes de la Universidad Cornell que  además de su currícula universitaria ,  en su tiempo libre, estaban inscriptos en programas para prestar servicio en  tareas comunitarias.

Tan solo un hombre de negocios con grandes valores humanos

No existe un sistema integral que permita “medir” la generosidad de las personas. Pero, en líneas generales, sí es posible realizar un contraste entre lo que se posee y lo que se da y con ello, aproximarse a una estimación  del grado de generosidad que posee  un individuo. En este sentido, en cuanto a Feeny, podría decirse que se posicionó en vida en el podio de las personas más desprendidas del planeta, dado que fue considerado como el filántropo americano que donó estando vivo, el mayor porcentaje de su fortuna.

Con el dinero cedido a la Universidad de Cornell en 2016, Feeney cerraba de modo definitivo su etapa de gran filántropo a través de Atlantic Philanthropies. Con este broche de oro , daba fin a su tiempo de balances  y  de administración y  distribución de una notable fortuna basada en el trabajo.  La misma que amasó como socio y  cofundador de una compañía pionera en el segmento  duty-free, dedicada a la venta de  licores ,perfumes y  hasta cigarros en locales comerciales apostados en los aeropuertos.

Feeney, al repasar su historia de vida, sostuvo no recordar algún episodio puntual que lo hubiera motivado con ese afán -tan decidido y notable- a desprenderse de sus millones. Sino, algo más bien que nació producto de sus lecturas y reflexiones personales en torno a la filantropía.  “En un momento puntual, cuando ya era millonario, tenía mi esposa y familia, tuve que sentarme a considerar seriamente el destino de mi vida,  las alternativas que tenía frente a mi con tanto dinero a disposición.  Simplemente, me incliné por la ayuda,   pensé en aquel entonces que lo mejor que podía hacer , era tender la mano, buscar y propiciar la ayuda a aquellas  personas que por distintos motivos han nacido en medio de condiciones de vida menos afortunadas”. Así, una vez tomada su decisión, la ejecutó con precisión y generosidad, recibiendo ya en vida una recompensa anticipada: un sentimiento de gratificación constante y sentido pleno de existir.

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