La energía limpia  como  eje de la resiliencia de las comunidades rurales de Cuba

En 2024, Cuba se oscureció por completo. Apagones eléctricos acontecieron por doquier afectando con su prolongada continuidad a todo el país. Producto directo de su infraestructura energética con base en combustibles fósiles y completamente caduca, la situación puso en jaque a la producción a pequeña y gran escala. Frente a este escenario desolador, el proyecto Gibara Verde X Ciento, donó paneles solares a las comunidades rurales, trayendo un fuerte alivio allí donde más se necesitaba.  

A la ciudad de Holguín, en el oriente cubano,  le dicen  la ciudad de los parques.  Aquí, se extienden por doquier , son  muy bellos y la gente los  disfruta y presume como  ninguna. Fundada en 1545, la ciudad es tan colonial como moderna:  pujante en lo económico y de intensa vida cultural y  educativa. Una urbe que brilla y destaca pero que en 2024, como casi todo el país, ha quedado a oscuras. 

A pocos kilómetros de la ciudad de Holguín, el paisaje se vuelve agreste, rural  y predomina  la exuberancia de los cultivos tropicales.  Allí viven Martha y su marido, que dedican sus días al cultivo de tomates, bananas, berenjenas y  otros productos que regala el suelo  en los campos de la  provincia del mismo nombre. Al igual que otros pequeños agricultores, Martha y su esposo, ya  han tenido que sortear los primeros -y durísimos- embates del cambio climático. Y, aunque en este enclave de la isla de Cuba –  de la región suroriental- lo normal y esperado por la gente es contar con estaciones secas prolongadas, la realidad al ser tan abrumadora,  los sacudió de plano. El clima les presentó batalla  a los cultivos tornándose mucho más extremo y las sequías, por el cambio climático se volvieron más frecuentes  afectando de gravedad a todas las plantaciones de la zona. A esta situación , se sumaron los cortes de electricidad masivos por tiempo indeterminado que impidieron, en 2024 -y dentro de un escenario sofocante-, el riego de los cultivos para propiciarles  alivio y preservarlos de sucumbir. 

Los pequeños agricultores, tal como sucede con Martha y su esposo,  necesitan energía para llevar adelante su vida diaria. Acciones simples , concretas que comienzan al amanecer con  el riego de sus tierras hasta la hora de la puesta  del sol cuando se procura el  almacenamiento seguro de todos y cada uno de  los productos cosechados. Sin energía eléctrica, todo es caos en este punto del globo. Todo se hace cuesta arriba y lo más simple, el bombeo de agua, algo imposible.  La agricultura en Holguin deja de ser  viable, la productividad baja de modo sideral y las pérdidas económicas que acontecen en los tiempos posteriores  a la cosecha pueden ser altísimas. Esto, a las claras, pone  en riesgo las cuotas de ganancia que para esta gente, ya es muy estrecha,  y más aún, si se da a gran escala y en toda la región, pueden afectar en el largo plazo la seguridad alimentaria.  

Al final del túnel, refulge una luz (renovable) 

Sin embargo, Martha ha podido salir airosa ante los cortes permanentes de electricidad y proteger con éxito sus cultivos,  proporcionándoles un flujo de riego ininterrumpido. Esto ha sido posible gracias a sus equipos de energía renovable que constan de unos nuevos paneles solares que al contar  con tecnología de vanguardia, pueden  convertir  la abundante  luz solar en un flujo  de  electricidad  fiable y limpia. Algo que no hubiera sido posible,  de no contar con la ayuda y efectiva contención brindada por el proyecto Gibara Verde X Ciento  que proporcionó  a modo de donación, a  Martha y a otros agricultores de Holguin, los equipos  con los paneles solares fotovoltáicos .  

Así,cuando escasean las lluvias, Martha ya no se angustia por el temor a perder sus cultivos, dado que puede confiar plenamente en el funcionamiento de sus paneles solares que le proporcionan  toda la energía que necesita para el  bombeo adecuado del agua y poder regar toda la extensión de su campo. Ahora, Martha y sus vecinos agricultores de Holguín, gracias a los paneles solares que les han donado, se han convertido en pequeños productores autosuficientes en materia energética a pesar de estar insertos en un contexto que padece los serios y continuos inconvenientes que acarrea la deficiente y obsoleta red eléctrica de Cuba.  

En definitiva, Martha, ha crecido, se ha hecho resiliente y puede mantener su producción gracias al programa de Gibara Verde X Ciento, que ha fomentado y hecho posible la sostenibilidad nutricional y alimentaria en un enclave crítico de Cuba. Una iniciativa que, gracias a su éxito, será replicada en otros sectores del país, allí, donde sea necesario preservar los cultivos y las economías de tantos hombres y mujeres del ámbito rural, que se ven afectados de gravedad por la falta de luz en pleno siglo XXI. 

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