El Banco Mundial es fuente de esperanza para los poblados rurales de Bara, India.

Gracias a los programas de empoderamiento y capacitación de mujeres que lleva adelante el BM en las zonas más pobres y vulnerables de India, hoy, muchas de ellas se han convertido en el orgullo de sus aldeas. Un milagro de esfuerzo y lucha por lograr mejores medios de vida que sigue impulsando a miles a salir de su zona de confort y brillar por sí mismas.

Kunta Devi, una aldeana  de Bara, no es una mujer común. Sentada con su espalda erguida contra la pared de su vivienda precaria (una choza de barro) , impone respeto y suscita admiración. Su casa -su hogar-  en la porción oriental de la India,  tiene apenas una habitación, pero a ella no le importa, dado que es una “emprendedora empoderada”.  De su presente destaca con orgullo: “ Ahora la gente me conoce y me llama por mi nombre, me gané un lugar y me respetan.Pero, hace apenas cinco años atrás, yo no era nadie” agrega Devi.

Lo cierto, es que sin la ayuda económica llegada a través de los proyectos del Banco Mundial, el presente del cual hoy, Devi se siente orgullosa, no hubiera sido posible. El Banco Mundial, se ha vinculado de modo estrecho con la India desde el año 1948. Desde entonces ha venido sosteniendo un flujo importantísimo de dinero, para el cumplimiento de ambiciosos proyectos de asistencia y desarrollo . 

Esta entidad, ha sido responsable gracias a su apoyo constante, de la mejora de la seguridad alimentaria en el país y además, ha buscado sostener a los más vulnerables con acciones complementarias. Por ejemplo, en el asesoramiento a centros urbanos y ciudades en desarrollo con el fin de procurar la mejora de las capacidades de gestión  para su despegue económico.  Y,  para la familia de Devi, esto en la práctica se tradujo en la posibilidad de adquirir un subsidio a través de un programa del Banco Mundial, comprar unas pocas cabras y desplegarse como emprendedora en otras áreas , algo que hoy la ha convertido en  la empresaria de la aldea.  

Un estímulo financiero imprescindible  para el desarrollo  y la acción 

Devi, por designio del destino, nació en una de las castas más pobres de la India. La vulnerabilidad, la exclusión y el rechazo fueron su pan de cada día, pero el destino la compensó con un buen esposo y ocho hijos con una salud de hierro.  

Pero la vida de Devi cambió de forma radical de un día para el otro : su marido se lesionó de gravedad y no pudo continuar trabajando. Ahora, todo recaía sobre sus espaldas y,  en un instante, vio como el destino empujaba a su familia al límite de la pobreza,esa que no perdona. Ver a sus hijos pasar frío y hambre era más de lo que podía soportar. Por ello, tomó coraje , salió de las sombras y dió un paso decisivo: buscó ayuda en el lugar correcto.

Así se unía en su aldea a un incipiente grupo de mujeres emprendedoras , miembros de un programa dirigido por el Banco Mundial.  Luego de recibir  apoyo moral, contención y algunas capacitaciones, solicitó un préstamo (también al Banco Mundial) a una tasa ínfima,  que le permitió adquirir unas cabras para un proyecto de cría. Le fue excelente, y al tiempo solicitó un segundo préstamo para lanzar otro proyecto vinculado con el  cultivo de cereales.  Esta iniciativa, que también resultó exitosa, consistía en el arriendo de tierras que financiaría con el préstamo, y  al irle bien con este segundo intento emprendedor , pasado el tiempo, pudo  cancelar ambos préstamos y animarse todavía a conquistar más logros. 

Con un pie en la senda del desarrollo

El presente de Devi  y su familia es hoy alentador, dado que al momento,  poseen varias fuentes de ingresos. Además, Devi sueña en grande y tiene planes aún mejores para el futuro. El próximo paso, si el destino así se lo permite, es abrir un local restaurante en la porción más concurrida de su querido pueblo de Bara. También, está en sus planes mudarse a una nueva vivienda con los suyos.  

Sin duda, Devi y sus compañeras de grupo -en la actualidad todas mujeres empoderadas y  emprendedoras – son el orgullo de Bara, pero  todavía tienen desafíos por sortear y nuevas sendas por recorrer. Sin embargo,  el resultado en sus vidas que han podido conseguir gracias al asesoramiento, capacitación , contención y empuje que se les brindó a través del programa del Banco Mundial,  es digno de mención, digno de ser conocido. Una historia extraordinaria y real de empoderamiento y éxito, logrado a través de la senda de  la acción colectiva. 

“A nosotras nos impulsó el hambre y ver a nuestros hijos en necesidad. El resto se fue dando en el camino, las puertas se abrieron pero muchas veces, tan solo fue adivinar el siguiente paso” cerró Devi con un disimulado orgullo. 

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