Tres peces payaso nadando entre corales rosados en un arrecife marino iluminado por la luz solar.

Efecto Arena o una esperanza para los corales  en la línea de jaque mexicana

Los donativos que recibe la ONG Efecto Arena son , mes tras mes, una pequeña pero invaluable contribución para la conservación de las barreras coralinas de México. Fondos imprescindibles que en la Bahía de la Paz, Baja California,  se destinan en la jardinería coralina y en la educación ambiental. Dos pilares  claves para evitar la pérdida masiva de corales que, amenazados por el aumento de las temperaturas de las aguas y la creciente contaminación oceánica, han menguado drásticamente: el 50% de los corales del planeta que siguen en pie, hoy luchan por persistir.

Los buzos del equipo de Efecto Arena bajan de forma periódica,  a escrutar el fondo silencioso del mar. Allí,  llevan adelante una misión ambiental que, en un contexto de cambio climático agudo y pleno de desafíos, muchos califican al mejor estilo hollywoodense como “misión imposible”. Lo cierto es que,  como pequeñas hormigas o  motas ondulantes,  casi imperceptibles en  la vastedad infinita del océano azul, bucean en la búsqueda de los corales que han sido dañados.  Esos a los que el oleaje intempestivo, la fuerza de algún huracán o la mano del hombre han puesto en jaque. En su búsqueda minuciosa, como avezados detectives marinos, recogen esos fragmentos diminutos que se han desprendido de la pared de coral  principal para  sembrarlos más tarde en un vivero submarino”. 

Así, los buzos de Efecto Arena comienzan a hacer girar la rueda de la esperanza para un ecosistema imprescindible para la vida marina. “Esto es posible gracias a los fondos que recibimos y al apoyo de la gente” cuentan los miembros del equipo que llevan adelante esta “misión imposible”. Luchando contrarreloj y atajando la desesperanza, su acción es similar a arrojar un balde de agua en medio de un incendio voraz, pero mucho peor, dicen, es quedarse de brazos cruzados. 

Frágiles como el más delicado de los tejidos,  vulnerables a las altas temperaturas oceánicas y a la contaminación múltiple que se ha desatado en el entorno marino, la mitad de los arrecifes de coral que atesoraba el planeta, ya ha sucumbido.  Y,  esta pérdida invaluable ha arrastrado tras de sí a miles de organismos ,  peces ,  flora y fauna marina que en ellos,  encontraba  reparo y  nutrición de calidad.  Pero los buzos y todo el equipo de Efecto Arena, tienen un compromiso indeclinable y harán todo y más,  para procurar que los corales de Bahía la Paz, México, subsistan a los embates de los tiempos. Porque saben,  que quien haya tenido la oportunidad de bucear en una barrera de coral y apreciado la belleza que posee este ecosistema acuático, pleno de seres pequeños y brillantes, de asombrosas formas vibrantes plenas de vida, entenderán su sentir. “Amar los corales , su vida centelleante es amar la naturaleza toda y ello implica cuidarla y  preservarla”  dicen los buzos. 

Un vivero muy particular

“Primero, los corales del jardín vivero asoman como  una ramita pequeña y tímida. A medida que van creciendo, toman la forma similar a una cabecita de brócoli. Durante el lapso de seis meses, se les brinda frecuente supervisión, mantenimiento y limpieza. Que estén en un vivero acuático,  no implica que estén fuera de peligro. Hasta aquí, nadan otros peces que buscan comérselos.  Una vez que han logrado alcanzar el tamaño y la estructura adecuada que les permitirá subsistir, se los trasplanta a las paredes del arrecife”, detalla Jorge Cáceres Puig, director y biólogo de Efecto Arena. 

El proceso de incubación – el primer paso de la estrategia salvadora- se lleva a cabo sobre las camas del vivero. Estas estructuras de gran tamaño,  están confeccionadas con tuberías plásticas de PVC  y es donde se cultivan los fragmentos de coral. Allí, los especialistas  preparan las bases que sostienen cada “brote esperanzador”, que luego, será fijado en la roca con resina epóxica. “Es gratificante ver cómo va naciendo, poco a poco, un ecosistema en torno al vivero.  Va aumentando la complejidad biológica en torno de sí, es decir, comienza a llegar la vida del océano. Además, estos nuevos organismos atraen a los  peces juveniles  o a algunos otros invertebrados que encuentran aquí amparo y después de que se desarrollan, se van del lugar. Esto da origen un ecosistema que al mismo tiempo, está generando más vida hacia el resto del océano”, añade Cáceres Puig.

Aunque, lamentablemente, no todos los intentos son exitosos y  la mortalidad de los corales que han sido trasplantados tiene ocurrencia, la metodología que emplean en Efecto Arena, permite también el  reemplazo de estas colonias de corales que han fenecido. “Al momento, la sobrevivencia de los corales que se trasplantan del jardín vivero, va del 80 al 90%.  Afortunadamente, hoy podemos reemplazar a aquellos que no han sobrevivido”, explica el Dr. Cáceres Puig. “En este sentido, existe amplia similitud con lo que ocurre con los árboles. No se trata sólo del hecho puntual de ir a sembrar un árbol,que en sí es muy positivo, sino de cómo construimos un bosque. En nuestro caso, puntualmente, un arrecife”.

Al final, la parte importante de todo el esfuerzo de restauración, es ver a los pequeños brotes creciendo y a la vida que va llegando a este jardín acuático que a su vez, atrae nueva vida.Ayudar al arrecife a continuar cumpliendo con sus funciones vitales aquí, en este ecosistema donde la Madre Naturaleza lo ha puesto, en Bahía de la Paz, México es de lo más gratificante , un verdadero canto a la vida y algo que nos llena de orgullo ” , enfatiza a modo de cierre el Dr.Cáceres Puig.

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